El mismo día en que se abre en los tribunales de Londres la vista prevista por el presuntísimo acoso de SM Juan Carlos I a Su Alteza Serenísima, Corinna Larsen, su hijo, rey en ejercicio, Felipe VI, nos anuncia que asistirá al funeral por Felipe de Edimburgo, rey consorte del Reino Unido de la Gran Bretaña, invitado por la reina Isabel II, al que nadie ha expulsado del Reino Unido, aunque tuviera para ellos más motivos que Juan Carlos I para ser expulsado de España. Por de pronto: ¡menudos hijos ha educado, doña Isabel! Y eso que este es el principal cometido de un rey en una monarquía hereditaria.

Y Felipe VI exhibe la invitación y asistencia el mismo día en el que el mismísimo Alfonso Guerra se ve obligado a aclarar que si el Rey emérito muere exilado fuera de España, el baldón caerá sobre su propio hijo y sobre el conjunto del país.

A este paso, la III República sanchista y podemita crecerá en adeptos. Y la verdad es que la monarquía cada vez cuenta con menos partidarios.Y sinceramente, no me extraña.