• Valle del Saja: en una zona que alberga unas treinta poblaciones sólo hay dos eucaristías diarias.
  • Y no en iglesias… sino en dos asilos de ancianos.
  • No tiene por qué ser malo: ningún anciano juguetea con el tránsito.
  • Un anciano es aquel para el que la muerte ha dejado de ser posible para ser probable e inminente. Y entonces es cuando se toman las cosas serias... más en serio.
  • Pero un secreto a voces: este desprecio a la Eucaristía no se aguanta.
Las apariciones de La Virgen María en San Sebastián de Garabandal (Cantabria) durante los años 1961-65 deberían haber marcado un antes y un después en la historia de España, como Medjugorje en la de Bosnia. Pero no entro en ello. Hoy sólo me interesa una cuestión aparentemente menor. Acabo de pasar unos días en ese espléndido valle de generosa anchura que forman los ríos Saja y Nansa. Uno de los paisajes más hermosos de la geografía española. Pues bien, si desde Cabezón de la Sal recorren ustedes la carretera que acabará allá lejos, en Reinosa, verán iglesias y ermitas de piedra en todos los pueblos. Iglesias sencillas y recias, construidas en piedra ruda y roca firme, en ocasiones como torres altas, que destacan por encima de la línea de los tejados. Sólo hay un problema: no hay misas, ni en domingo, ni, mucho menos, en día de labor. Uno se pregunta cómo cumplen esas gentes con el precepto dominical, nuclear en la vida cristiana, o cómo hacen para confesarse. Y no preguntes a los naturales de lugar: te miran como si te refirieras a algo extraño, proveniente del pasado y sólo apto para la historia. Y lo triste es que tienen algo de razón. Para ser exactos, en una ronda de una treintena de poblaciones no hay misa diaria en ninguna iglesia, convertidas en locales abandonados. Es más, sólo en dos pueblos (Carrejo y Terán) hay Eucaristía a diario pero, ojo, no en dos iglesias, sino en dos asilos de ancianos (en la imagen, el de Carrejo). Es decir, a 10 kilómetros -en línea recta- de Garabandal, donde Santa María quiso renovar España -y donde fracasó porque los españoles no quisimos- sólo hay Eucaristía en dos asilos de ancianos. Sin comentarios. Sí, a lo mejor son éstos los soldados de ochenta años hacia arriba quienes más eficaces resultan en la batalla de nuestros días -que es la batalla de siempre, la que se libra entre el bien y el mal-, pero lo más importante es el secreto a voces que no queremos escuchar: este desprecio a la Eucaristía no se aguanta y lo pagaremos caro. Porque la fe puede ser de ancianos, pero no de piedras. La fe cristiana busca a los jóvenes porque de 100 almas interesan 100, pero un anciano es aquel para el que la muerte ha dejado de ser posible para ser probable e inminente. Y entonces es cuando se toman las cosas serias... más en serio. Necesitamos más Eucaristía en nuestros pueblos, más confesiones, más vida sacramental y litúrgica, más exposiciones ante el Santísimo. O eso, o mejor hablemos de descristianización. Y no nos queda mucho tiempo. Eulogio López eulogio@hispanidad.com