Sr. Director:

Estamos en lo más arduo de la batalla, que no es política, ni económica, es moral. Parece que todo está mal, hasta la Iglesia Católica y la Divina Eucaristía se profana y se desacraliza. ¿Pesimismo, desaliento, catastrofismo? De eso nada, eso es precisamente lo que Satanás quiere que sintamos, que todo es inútil, que esto no tiene remedio por que sabe que le queda poco tiempo.

Como respuesta a la Revolución Comunista en Rusia en Octubre de 1917, por inspiración divina el día 7-09-1921, es decir, hace casi 99 años, surgió en Dublín (Irlanda) la Legión de María, su fundador fue Francis Duff, en proceso de canonización actualmente. Es una autentica gozada leer su Manual y recitar sus oraciones, ambas cosas revelan el verdadero espíritu de la Iglesia Católica. Se formó por católicos para servir a la Iglesia en su perpetua lucha contra el mundo y sus malignas potestades, acaudillados por Aquella que es bella como la luna, brillante como el sol, y para Satanás y sus huestes, temible como un ejército en orden de batalla: María Inmaculada, Medianera de todas las gracias.

Los legionarios ansían hacerse dignos de su excelsa y celestial Reina mediante su lealtad, sus virtudes y su valentía, se han organizado a modo de ejército, pero ni sus huestes ni sus armas son de este mundo. El espíritu de la Legión es el de María misma. Esto es un simple y menguado esbozo de lo que es la Legión de María, y en el que pertenece o ha pertenecido a ella, como es mi caso, te imprime un espíritu invencible, cerrado al pesimismo y al desaliento, con una fe irreductible en el poder de Dios, con ánimo de emprender las más humanamente imposibles misiones, pero con la certeza, firme, inquebrantable, que todo es posible para el que confía en el poder de Dios. En la actualidad este ejército invencible cuenta con más de 33 millones de legionarios. Además de la Legión de María, hay que señalar que el Espíritu Santo ha suscitado la creación de innumerables grupos que a las órdenes de la Santísima Virgen aplastarán la cabeza de la Serpiente Infernal. Por tanto, de pesimismo y desaliento nada de nada; se cumplirá y sin tardar la promesa que hizo la Santísima Virgen en Fátima: “Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará”.