Sr. Director:

Este año, la Semana Santa y otras fiestas religiosas importantes se han celebrado sin su acostumbrado esplendor. En la Fiesta de la Santísima  Trinidad (7 de junio), el Papa Francisco se asomó, por segunda vez desde la pandemia, a la ventana de la Biblioteca del Vaticano para saludar a los fieles. Les recordó que “la acción de las tres Personas divinas – Padre, Hijo y Espíritu Santo – es todo un plan de amor, un diseño de salvación para nosotros. La fiesta de hoy nos invita a dejarnos fascinar por la belleza de Dios; belleza, bondad e inagotable verdad (…)”.

La Trinidad nos habla del Ser de Dios, que es Uno en esencia y Trino en personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La comprensión de este  misterio la tendremos cuando veamos a Dios cara a cara; o sea, en el Cielo. Es conocida esta anécdota de San Agustín:  trataba de entender  el misterio de la Santísima Trinidad y se encontró con un niño que pretendía meter todo  el agua del mar en un hoyo. Al quererle disuadir, el niño le dijo que Dios tampoco cabe en su mente finita.  ¿Sería el Niño Jesús?

En la Solemnidad de la Santísima Trinidad, se  festeja al mismo Dios, Único, Trino,  Espíritu Purísimo, que no puede ser representado en imagen alguna. Se intenta representarlo con dibujos modernistas que pueden llevar a los niños y a personas de escasa formación, a confundirse. Se ven, incluso, en catecismos, en textos escolares y hasta en las pantallas de algunas parroquias durante la Santa Misa. Este tipo de dibujos conceptuales y caricaturescos, que surgieron después del Concilio, sin que tengan que ver con él, no ayudan a la Evangelización: no mueven al amor y devoción, ni creo que Dios se valga de ellos para convertir a alguien comos sí sucede con imágenes sagradas de verdadero valor artístico.

La Santísima Trinidad habita en el alma en gracia. Lo dijo Jesús: “Si alguno me ama guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos en él nuestra morada”(Jn 14 23 La oración más sencilla de alabanza al Señor es “El Gloria”. Todos necesitamos la protección de Dios y, al santiguarnos,  lo invocamos en su Trinidad. Es costumbre extendida en cristianos,  santiguarse al levantarse y al acostarnos, al entrar en la iglesia, al empezar algunas oraciones…, al salir de viaje o de casa, en los peligros. Como digo a mis hijos, las buenas costumbres se deben conservar. 

El Domingo de la Santísima Trinidad,  a mí  me gusta  evocar la canción de “El Senderito”:

“ Dios es Amor, su oficio es amar,/ el tuyo esperar en Él; / Él cuidará de ti y tú déjale hacer/ (…) No quiero saber, ni quiero entender/ no quiero ver ni sentir./Sólo sé una verdad y ésa me hace feliz:/ Dios es amor, Dios es poder,/suma bondad, / sumo entender./ Y en ese amor y esa ternura/ y esa grandeza de mi Dios / descanso yo, descanso yo”. (Carmelitas del Cerro de los Ángeles)