Para sustituir a Matteo Renzi, otra víctima de los referendos, se propone a un tecnócrata, ya saben, alguien por encima del partidos políticos. Lo cual suena bien, pero también podría describirse como alguien que nunca se ha mojado en el juego electoral y en la lucha interna de los partidos (la más feroz) y que se ha dedicado a medrar en el Parlamento. Que no en la calle, en el libre mercado. En cualquier caso, no olvidemos que la tecnocracia es la tumba de la democracia porque la libertad para elegir del pueblo queda traspasada a un grupo de notables a quienes el pueblo proporciona un montón de mohines. Un Gobierno no es un consejo de administración ni un patronato. Un gobierno debe mirar por el bien común, la generalidad (no la catalana). La tecnocracia es la tumba de la democracia -al menos, una de ellas-. Es, por cierto, la que más gusta a los masones. Por ejemplo, a Mario Monti (en la imagen), tecnócrata y masoncete. Un tecnócrata al que ya hubo que recurrir como primer ministro. Por cierto, ¿solucionó algo? No, salvo su decaído prestigio personal. Hispanidad redaccion@hispanidad.com