El 'Ministerio del Tiempo', que emite TVE-1 los martes a las 22,15, vuelve a las teles tras el éxito obtenido. Ya en la primera entrega se comentó la originalidad del argumento y el acertado tratamiento de personajes y tramas. A favor de la serie juegan bastantes componentes: la original idea de un argumento que se desarrolla a varios niveles, insiste en los exteriores; la ambientación en diferentes y variados escenarios; personajes con relieve y capacidad de desarrollo y actores eficaces. 'El Ministerio del Tiempo' ha optado por una trama de difícil desarrollo. Los saltos temporales provocan, en multitud de historias, problemas de concepto y el recelo en el espectador que intenta organizar y establecer las pautas lógicas de un hecho, en sí mismo, ilógico. Para evitar momentos sin salida, la serie sólo toma prestada la idea, que desarrolla al mínimo, y con la que nos conformamos, ya que lo interesante no son los viajes en el tiempo, sino lo que sucede en cada uno de ellos. Los episodios se abren y se cierran con historias que ayudan a simplificar y a diluir la compleja idea inicial. Pero también se ha aprovechado esta decisión para mostrar diferentes épocas, lo que da variedad y riqueza a la serie y multiplica sus posibilidades. Uno de los efectos del juego espacio-temporal muy bien aprovechado por 'El Ministerio del Tiempo' es la desubicación de los personajes, sus reacciones ante una época y unos modismos que desconocen y el humor con el que se integran en las tramas. En la serie, el presente se enfrenta al pasado y viceversa. Se cuestiona la pérdida de ideales, de fidelidad, el concepto del honor y se ensalzan los avances médicos, tecnológicos y los derechos obtenidos por la mujer. Sin embargo, el amor y la familia siguen siendo claves para la supervivencia emocional y física del ser humano de cualquier época. Clemente Ferrer clementeferrer@clementeferrer.com