La frase es de San Agustín, el pensador más querido por Benedicto XVI. El Papa no cita la frase del obispo de Hipona pero la desarrolla en la misiva que envía a Mary Ann Glendon acera de la globalización y sus efectos. Porque "sólo la caridad puede estimularnos a poner una vez más a la persona humana en el centro de la vida de la sociedad y en el centro de un mundo globalizado, gobernado por la justicia".

Es la misma teología social de Juan Pablo II, que, así, al pronto, parece frontalmente contraria a la idea capitalista, pensamiento único actualmente imperante, de que en la vida económica no existen personas, sino accionistas, de lo que se deduce que aumentar el valor para el accionista es la única labor del gestor.

Y también secunda Benedicto XVI el camino iniciado por su predecesor cuando acepta la ecología e incluso el concepto de desarrollo sostenible, con una sola condición: que no se olvide la ecología humana. El medio ambiente es obligación grave del cristiano… porque el medio ambiente es necesario para el ser humano. El hombre no es una especie animal o vegetal más: es el centro de la creación. Salvaguardamos el planeta no por sí mismo, sino para las generaciones venideras, para el hombre.

Eulogio López