Sr. Director:
Justo a la vuelta del verano se empezó un tiempo fuerte en la Iglesia: es el Año de la Fe. Lo inauguraron juntos obispos de todo el mundo, reunidos esos días para el Sínodo sobre "La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana".

En la gran encuesta que sirvió como base para el instrumento de trabajo del Sínodo, episcopados, congregaciones y asociaciones católicas de los cinco continentes señalaban como gran desafío la secularización, y no sólo en Occidente. Se ha difundido una mentalidad y un estilo de vida como si Dios no existiera. T

ambién dentro de la propia Iglesia, ya que muchas personas han olvidado los fundamentos de la fe y no son capaces de dar razones de ella a los demás.

Es un diagnóstico duro, pero el ánimo con que se afronta el Año de la Fe, en absoluto es derrotista. El reto que lanza el Papa es redescubrir la alegría que brota del encuentro con Cristo, y la vida en plenitud que nace de esa experiencia. Partiendo de la conversión personal, Benedicto XVI anima a todos los bautizados a salir al encuentro de un mundo en que el eclipse de Dios no ha hecho a los hombres más libres ni más felices, sino todo lo contrario.

Hay muchas preguntas y anhelos insatisfechos en el aire, esperando una respuesta. Ése es, justamente, el vacío al que se propone responder la nueva evangelización.

Jesús Domingo Martínez