Algunas líneas de este artículo, correspondiente a una página judía (cuidado que son listos los judíos, la lucha por supervivencia aguza el ingenio) no tienen desperdicio. Habla de la política de Barack Obama en Oriente Medio, que es, no lo duden, un verdadero despropósito.

El primer y principal error de Obama es que cree estar viviendo otra caída de Muro en el mundo islámico. Ahora bien, el autor lo niega y tiene toda la razón. Lo que está ocurriendo en Siria, Bahrein, Yemen, Túnez, Egipto, la llamada primavera árabe nada tiene que ver con la caída del comunismo. Interesante revelación la del articulista: Obama irritó al Gobierno Mubarak cuando colocó a los Hermanos Musulmanes como interlocutor autorizado en Oriente, cuando se trata de una organización fundamentalista, prima hermana de Hamas, envenenada contra Israel y, ojo, contra los cristianos. No, la primavera árabe no camina hacia la libertad sino hacia el fundamentalismo. Entre otras cosas porque la aplicación del Corán es incompatible con la democracia.

Donde marra el autor es atribuir esta invernal primavera islámica a la ausencia de las corrientes "ilustradas" o "progresistas". Venga ya hombre: si el relativismo es la ideología de la democracia la democracia acabará en relativismo, que resulta la peor de las tiranías. No hay ideología más liberticida que la ausencia de ideología ni credo más cavernícola que la ausencia de credo, de principios básicos para desarrollar.

No es la ilustración la que puede reconducir al Islam sino el Cristianismo, del que el Islam no es sino una herejía oriental. El problema del Islam, el problema político y social, es que considera una blasfemia llamar Padre a Dios. El cristianismo, por contra, basa toda su arquitectura doctrinal en eso mismo: en la infancia espiritual, en el hombre elevado a la categoría de Hijo de Dios. Y claro, si el hombre es Hijo de Dios resulta que es sagrado, como lo son sus derechos individuales. El hombre y la mujer, claro está.

El comunismo europeo evolucionó desde el cristianismo machacado por los soviets al cristianismo, renacidos vencedores de los soviets. En China, sin embargo, sin pasado cristiano, el maoísmo se ha convertido en capitalismo, que no en cristianismo. Un país dos sistemas, sigue siendo una tiranía. Y es que el capitalismo no trae la democracia, lo que ocurre es que la democracia permite el capitalismo por su remoto origen común con la libertad de la persona y con la justicia de dar a cada cual según sus méritos. Pero sólo eso. De la solidaridad cristiana el capitalismo tiene muy poco. Dicho de otra forma: China, o el Islam, sólo serán democracias cuando se cristianicen, cuando empiecen a considerar sagrado al individuo, a cada individuo y hermanos al conjunto de los hombres como hijos de un mismo padre.

Pero sí tienen razón en que Obama es un progresista y, por esa razón, incapaz de entender lo que está pasando. Lo que le ocurre a Obama, y toda la progresía europea, es precisamente eso: que ha abjurado del cristianismo y, por tanto, han perdido su esencia: caminan por la diplomacia internacional como un ciclista sin bicicleta. Y como no puede correr el presiente norteamericano está haciendo de aprendiz de brujo en el mundo islámico: apoya y promociona fuerzas que no sabrá controlar o, peor, que tendrá que controlar por la fuerza.

Si yo fuera Obama dejaría de jugar al aprendiz de brujo y me dedicaría a encauzar la primavera árabe hacia el principio, constitucional, inalienable, de la libertad religiosa, puerta de entrada del cristianismo en el mundo islámico y, con él, de la democracia y la libertad. Sólo el cristianismo tiene fuerza para horadar la tiranía islámica. No vaya a ser que, por el empeño en pasar a la historia como el hombre que acabó con las tiranías de Oriente Medio termine consolidando el fundamentalismo islámico en los países 'liberados'.

Porque lo que tiene gracia es que en la dictadura árabe egipcia, cuya caída fue alentada por Occidente, se respetara más a los cristianos. Con Mubarak (sin tirar cohetes, recuerden la matanza de fin de año), que tras su caída y que algunos de los país aliados de Occidente, por ejemplo Arabia Saudí, sean tierra de tiranía y de cristofobia.

Eulogio López

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