Es cierto que los sindicatos de clase, CCOO y UGT, se comportan como partidos políticos y que sólo defienden a los trabajadores que menos lo necesitan -los funcionarios y los de las grandes empresas- y también lo es que la nueva generación, la más explotada, no creen en ellos.

Ahora bien, el recambio sindical no puede venir de los sindicatos pijos, pues sería salir del fuego para caer en las brasas.

El Aeropuerto de Barajas, una de las empresas más grandes de España, Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA) y la compañía de bandera, Iberia, están siendo chantajeada por pilotos y controladores, dos colectivos agrupados en sendos sindipijos, como son el Sindicato de Pilotos de Líneas Aéreas (SEPLA) y la Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA). Son dos colectivos dedicados al chantaje, y quienes lo sufren son los clientes, o sea, quienes les pagan sus sueldos. Ni tan siquiera recurren a la huelga que, al menos, les exigiría asumir una toma de posición pública, que siempre conlleva un coste. No, recurren a las bajas médicas y a las huelgas de celo, es decir, tiran la piedra y esconden la mano.

Y lo malo es que estos dos cuerpos de elite tiene una gran influencia sobre sus propios mecanismos de ascenso y promoción. Por ejemplo, tanto los sindipijos de pilotos como los sindipijos de controladores se hacen imprescindibles intentado que el número de profesionales disponibles sea el justo y necesario para poder mantener en marcha el cotarro. Son como esos clubes distinguidos donde el derecho de admisión es vigilado por los propios socios. Cobran sueldos opíparos pero se trata de evitar que haya más pilotos y más controladores disponibles para el relevo. A la aristocracia nunca le ha gustado la competencia.  

Todo ello ayudado por la ministra más incapaz, embustera, chulesca y vulgar de todo el Ejecutivo Zapatero. Y se trata de un concurso donde se dan cita participantes muy cualificados y cualificadas. Según el Ministerio de Fomento todo va bien, va estupendo y en cualquier caso, la ministra no ha sido.

Más vulgar que un bocadillo de garbanzos, doña Magdalena Álvarez exhibe un talante formidable, sea con el Ave Madrid-Barcelona o con AENA. Yo no he sido, es su principal línea argumental, y la culpa la tienen los demás, preferentemente la derecha, porque ella es una mujer andaluza de izquierdas. Y lo malo es que quien nunca tiene culpa de nada tampoco hace nada por cambiar.

De ministrares, o ministras vulgares, estoy hablando.

Mientras tanto, Barajas, pieza clave en el transporte aéreo español, en el turismo español, en la imagen española y en la psique española... convertida en un caos.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com