"No aceptaremos una nueva resolución de la ONU que sólo suponga cambios cosméticos". Así de contundente se mostraba el próximo ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en las páginas del Financial Times, la "Biblia" del mundo financiero. Moratinos no hace sino seguir la voz de su amo, José Luis Rodríguez Zapatero, que reitera, un día sí y un día también, su compromiso de retirar las tropas de Iraq. Bambi se encuentra preso de sus promesas electorales y del "no nos falles" con el que fue aclamado la noche del 14-M.
 
En paralelo, el próximo ministro de Defensa, José Bono, mantiene un encuentro informal y secreto con el Secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld. En dicho encuentro, Bono transmitió a Rumsfeld la posición de España como aliado fiel "pese al desacuerdo de Iraq". Por si no había quedado claro, poco después del 14-M Bono manifestaba en una entrevista periodística que la promesa de retirada de las tropas se había realizado antes del 11-M y que las circunstancias habían cambiado.
 
Diversos expertos consultados no entienden la contundencia manifestada por Zapatero y Moratinos en un tema controvertido que exige "prudencia". Se lo traduzco: Zapatero y Moratinos deberían de estar calladitos porque finalmente tendrán que tragarse sus palabras como lo hicieron en el asunto de la OTAN. ¿Fallo de cálculo o controversia interna? El hecho es que el "cohesionado" Partido Socialista sigue manifestando una preocupante "unidad" de acción. ¿Qué opina Zapatero de las repentinos "viajes privados" del señor Bono a la ciudad de Washington?
 
Quizás se trata de jugar las dos cartas para elegir la más conveniente. Ya saben, poli bueno, poli malo. El problema es que Zapatero probablemente ha elegido bailar con la más fea, por mucho que el 40 por ciento de los norteamericanos deseen el regreso de sus tropas.