El fanatismo es la incapacidad para concebir seriamente la alternativa de una proposición". Son palabras de Chesterton que, traducido al castizo, supone la incapacidad de ponerse en el lugar del otro y tomarle en serio.

Pero el genio de don Gilbert siempre va más allá: "La verdadera liberalidad consiste en ser capaz de imaginarse al adversario. El hombre libre no es aquel que piensa que todas las opiniones son igualmente verdaderas o falsas: eso no es libertad sino debilidad mental. El hombre libre es aquel que ve los errores con la misma claridad que ve la verdad".

Las anteriores reflexiones vienen a cuento de la corriente actual, me temo que un pelín mayoritaria, que gusta de llamar dogmático al adversario, sobre todo al adversario cristiano y que, por el mismo precio, homologa lo de dogmático a lo de fanático.

Cuenta Chesterton que uno de sus críticos -tuvo legiones- aseguraba que "no podía considerar su igual intelectual a un hombre que cree en cualquier dogma". Y lo razona de esta guisa: "Porque este tipo de frase es esa cosa tan antigua, tan inocente y rancia cosa que se llama fanatismo: es la incapacidad de una mente para imaginar otra mente".

Por cierto, Chesterton habla de los progresistas de 1910, cuando escribió estas palabras. Como ven, el mundo no ha cambiado mucho. El progresismo antidogmático sigue siendo igual de fanático que hace un siglo.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com