Una cosa es que a uno le gusten las pequeñas empresas, y en especial la pequeña propiedad –aquella donde el hombre es libre- y otra bien distinta que le guste el troceo de la grandes empresas, especialmente cuando dichos troceos no sirven sino para hacer más grande a un tercero, otro grande, previa jugosa comisión obtenida por el intermediario.

A pesar de que el capital-riesgo cuenta con entusiastas defensores, lo cierto es que se trata de máquinas de destrozar empresas y de intermediarios perfectamente prescindibles. Ahora vivimos dos casos paradigmáticos en España: Iberia y Altadis, dos empresas solventes y rentables, la primera con un fortísimo potencial de crecimiento y la segunda con un ilusionante proceso de diversificación (en especial en distribución), se trocean. En el caso de Iberia porque a los accionistas españoles de la compañía privatizada les ha entrado el virus "toma el dinero y corre", y se han empeñado en vender. Como resulta que el primer candidato, British Airways, no quiere poner dinero, se ha aliado con los famosos fondos de capital-riesgo (poco capital, porque todo es apalancamiento, y muy poco riesgo, porque no tienen escrúpulos en despedir trabajadores y recortar gastos a lo bestia para cuadrar la cuenta de resultados a corto), y éstos, ya antes de haber accedido a la gerencia, ya hablan de vender la filial de bajo coste, el servicio de equipajes (‘handling') y la central de compras. Por el momento, no han pensado en externalizar el servicio de pilotos y azafatas, pero están en ello. Cualquier día, veremos como se ‘paquetizan' y ‘titulizan' las azafatas de Iberia para ser subastadas en la Bolsa de Madrid. No, no se trata de un mercado de esclavos: se llama flujos financieros en mercados organizados.

En Altadis el caso es similar, sólo que aquí los culpables son el equipo directivo que lidera Antonio Vázquez: como Imperial Tobacco me quiere quitar el puesto –porque esos sí que entienden del negocio- lo que hago es acudir a fondos de capital-riesgo, esas hermanitas de los pobres que están dispuestas a hacer lo único que saben hacer: destrozar Altadis; compramos a crédito, los accionistas se quedan contentos y, a partir de ahí, vendemos los cigarros a uno, los puros a otros y la logística a un tercero.

Esto de trocear está muy de moda. De hecho, Royal Bank of Scotland, Fortis y Santander han inventado la compra para el troceo: se OPA al ABN y se reparte entre los compradores, lo mismo que, como informamos hoy, se pretende hacer con el BBVA por el mismo procedimiento: el troceo. Es el botín del vencedor, los despojos del vencido, la jibarización de la economía y, cómo no, el triunfo de los rentistas –y además especuladores- además del hundimiento de los asalariados, de los empresarios (es decir, emprendedores) y directivos que pretenden aportan, no más valor añadido al accionista, sino al conjunto de la sociedad… que no es lo mismo.

Eulogio López