Basado en un best seller del mismo título de Tiziano Terzani, El fin es mi principio recoge las confesiones que este famoso periodista hizo a su hijo sobre su vida, y su visión de la muerte, unos meses antes de fallecer.

Tiziano Terzani vivió una existencia plagada de acontecimientos emocionantes. Corresponsal del sureste asiático para la revista alemana Der Spiegel, este comunista convencido no paró hasta que consiguió trabajar en China donde, tras ser testigo privilegiado de las tropelías cometidas por su admirado Mao, llegó a la conclusión de que la única revolución que merece la pena es la que cada ser humano realiza en su interior.

Sirva esta introducción para explicar que El fin es mi principio consiste en un relato  intimista en el que Terzani va desgranando a su hijo acontecimientos de su vida y de su pensamiento. Una película discursiva que, en contra de lo que pudiera parecer, cinematográficamente no se hace en ningún momento pesada e, incluso, resulta emotiva por ese cariño filial que palpamos en cada imagen, cuando el hijo hace las curas a su padre enfermo o le escucha pacientemente. No obstante, en esa especie de "testamento vital" que el progenitor lanza a su hijo asombra el  lío mental que tenía Terzani, muy influenciado por la religión hinduista. De ahí que cuando se refiere a Dios hable de un ser abstracto, "cósmico"

De tal forma que en este filme preciosista lo más destacado son las convincentes  actuaciones del veterano Bruno Ganz y el joven Elio Germano quienes, con su magnífico trabajo interpretativo, consiguen incluso que algunos comentarios, totalmente huecos, tengan apariencia de algo verdaderamente serio.

Para: Los que estén muy perdidos en su vida y crean que las religiones panteístas son las adecuadas…