El Gobierno colombiano mantendrá la ofensiva militar pese al alto el fuego de las FARCEl pasado 17 de octubre, en Oslo, se puso en marcha oficialmente el proceso de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno de Colombia. Este pasado lunes los narcoterroristas de las FARC declararon un alto al fuego unilateral entre el 20 de noviembre y el 20 de enero, según ha anunciado este lunes en La Habana el número dos de la organización, Luciano Martín Arango, alias Iván Márquez.

Sin embargo, el Gobierno colombiano ha aclarado que las Fuerzas Militares mantendrán su ofensiva contra los "grupos ilegales" en "todo el territorio nacional" pese al alto el fuego de las FARC. El ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, ha advertido de que esta tregua no varía la política del Gobierno, que es "muy clara" y consiste en perseguir a todas las personas que incumplan la ley. En una declaración ante los medios, alegó que el Gobierno tiene un "deber constitucional", informaba Europa Press.

Recientemente, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dejó claro en una entrevista con Efe que el modelo económico y político del país no está en discusión dentro del proceso de paz con las FARC, al afirmar que si esta guerrilla quiere cambios de esa naturaleza, antes debe ganar las elecciones. "No vamos a entrar a negociar ni a conversar sobre aspectos fundamentales de la vida nacional, como la propia Constitución, el modelo de desarrollo, el concepto de propiedad privada, eso no está en discusión ni va a estar en discusión", aclaró en su despacho de la sede del Ejecutivo de Bogotá antes de viajar a España para asistir a la Cumbre Iberoamericana celebrada en Cádiz.

Entonces, ¿para qué sentarse a negociar con las FARC? Según explica Fernando José Vaquero Oroquieta en el libro 'La ruta del odio' (pág. 342), "la negociación legítima más admitida generalmente, acaso la única, sea la que persigue el abandono definitivo de las armas por parte de una organización terrorista. Y más si se percibe que tal vez sea la única o más segura vía para ello.

Pero, en tales supuestos, también deben quedar claras en todo momento algunas exigencias: que el cese sea definitivo, que los terroristas pidan perdón, y que respondan por los crímenes más graves. Si las aceptan, la sociedad puede ser generosa, facilitándoles el retorno. Pero siempre escuchando el parecer de las víctimas. La búsqueda de la paz es un objetivo justo. Pero no lo es una paz alcanzada a cualquier precio. La paz debe estar acompañada siempre de otros bienes: la justicia y la verdad, ante todo. Si en una negociación una u otra son sacrificadas, sus resultados no serán ni legítimos ni definitivos".

Son unos muy buenos criterios para tener en cuenta por el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. Criterios que no tuvo en cuenta el anterior presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, que se sentó a negociar con ETA ofreciéndole contrapartidas políticas, algo que jamás se debe hacer pues legitima la violencia.

José Ángel Gutiérrez
joseangel@hispanidad.com