Sharon Stone considera que el terremoto sufrido por los chinos es un castigo divino por lo mal que el Régimen de Beijing se ha comportado con los tibetanos. Declaración que se presta a más conclusiones que premisas (Peligroso, ¿eh?).

La primera adquiere forma de pregunta. ¿Ha dicho una estupidez doña Sharon? Es una hipótesis de trabajo que la inmensa mayoría no rechazaría, no señor, pero no vayan tan deprisa. Ciertamente, Dios, al menos el único Dios verdadero, Cristo ¿puede dedicarse a la venganza? Desde luego, tiene todo el derecho, y así lo acredita la Biblia: Mía es la venganza (aunque cito de memoria, oiga). ¿Es justo que el pecado de uno caiga sobre los otros? Por supuesto que sí. Muchas de las tonterías del pensamiento moderno -y mira que el tal pensamiento ha dicho tonterías- consiste en olvidar eso: que somos una raza. Tan raza, tan única, que por eso resulta tan estúpido el racismo. Si nos aprovechamos de las cosas buenas realizadas por nuestros antecesores y nuestros coetáneos, ¿por qué no habíamos de sufrir las malas? El hombre forma parte de la raza humana y, encima, es un ser social: todos influyen en todos.

No, el terremoto chino no tiene que ver con el Tíbet, pero es que, además, percibo una inmensa solidaridad con el Tíbet, pero no con la propia población china. La víctima de una tiranía no es una provincia, sino la población entera del país más poblado del mundo que sufre al tirano. No son los chinos quienes conculcan los derechos de los ciudadanos, sino el Partido Comunista que controla los resortes del poder. Y no son los monjes tibetanos los que sufren persecución religiosa, sino los cristianos y otros credos monoteístas, como los musulmanes.

Tercera conclusión, me temo que la más decisiva: Stone sólo ha rectificado cuando el Gobierno chino ha acusado directamente las marcas que publicitan -pagan- a la amiga Sharon. Entonces sí, entonces la estrella ha sentido la urgencia de la humildad y ha pedido disculpas.

Que es, exactamente, lo que está ocurriendo en el mundo actual: las dictaduras de hoy se mantienen gracias a la presión sobre las multinacionales. Es el dios-mercado, y los gobernantes chinos lo saben. Como régimen comunista nunca hubiesen podido vencer a Occidente, cuya supremacía moral le hacía invencible. Ahora bien, desde que instauró el sistema más perverso de toda la edad moderna, el de un país, dos sistemas, una dictadura comunista mantenida por un sistema político capitalista, entonces el maoísmo ganó la batalla: se había dado cuenta del error de Mao.

¿Que no? Pregúntenle a Sharon Stone.

Eulogio López

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