Más que autocensura, de lo que estamos hablando es de verdadero pacto de alabanza entre los grandes medios informativos y la Casa Real, con motivo de la próxima boda entre SAR Felipe de Borbón y Letizia Ortiz Rocasolano. Sólo el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, se ha negado a aceptar las "dulces imposiciones" de La Zarzuela para bendecir, nunca mejor dicho, la regia boda.

 

Por ejemplo, Silvio Berlusconi y el grupo vasco Vocento ya han aportado su granito de arena con el ditirambo real hacia la figura de don Felipe de Borbón, emitido ayer por TeleCinco. A través de una serie de periodistas conductores, los mismos a los que Alfonso Ussía calificó en un reciente artículo como ‘mamporreros', se nos contó una historia edulcorada del Príncipe Felipe. De este modo, también, nos hemos enterado de que su personaje favorito, el rey al que más admira, es Carlos III. Y no deja de ser muy lógico. Felipe de Borbón se ha empeñado, sin que nadie se lo haya pedido, en mantener a un tiempo, un espíritu progresista y los privilegios de su cargo, especialmente el amplio presupuesto que le permite viajar por todo el mundo en compañía de la gente ‘adecuada'. Como su ancestro.

 

Carlos III tuvo la suerte de morirse en vísperas de la Revolución Francesa. Carlos III es el despotismo ilustrado: "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo". El muy ilustrado rey decretó la expulsión de los jesuitas (parte progre) y se rodeó de los más crasos masones de su época. De él se decía aquella especie de copla-refrán: ¿De qué lado está el príncipe? Fundamentalmente, en el Trono, propiamente dicho. Si ha salvado su halo de modernidad fue gracias a que pasó a la historia por ser un reformista, aunque siempre en la línea del precitado despotismo ilustrado. Por ejemplo, repobló Sierra Morena, inventando la ingeniería social que tan elevados logros conseguiría 200 años después, con nazis y estalinistas.

 

Es igual, TeleCinco ya ha hecho los deberes. Es más, la televisión de Berlusconi y Vocento ha premiado con su presencia en tan importante reportaje a periodistas que en la red Internet se han caracterizado por defender al Príncipe a costa de echar cieno sobre cualquier página web que ose criticar a su Alteza. Porque esa es otra: Internet, como siempre mucho más libre que los medios tradicionales, se escapa al pacto y el ciberespacio es lo más temido en Zarzuela.

 

Por su parte, José Manuel Lara y Jesús Polanco, los dos editores más poderosos del país, ya han comunicado a la Casa Real que nada tiene que temer. El Grupo Zeta, lo mismo, que en materia monárquica siempre ha sido el más servil de todos. Ningún mal puede esperar a Alberto Aza, jefe de la Casa Real y muñidor del pacto con los grandes editores, de los medios públicos, como tampoco de otros "subsistemas" periféricos como Prensa Ibérica o La Voz de Galicia. Sólo queda Pedro J. Ramírez, que nunca jamás renuncia a una noticia, especialmente si resulta atrabiliaria. Por ejemplo, en www.elmundo.es puede contemplarse un especial dedicado al enlace real, en el que El Mundo insiste en lo poco adecuado que resultaba la falda de doña Letizia en la Misa de Resurrección, celebrada en la catedral de Palma de Mallorca, por demasiado "transparente".

 

Mucho más serio resulta el debate interno en el periódico de Pedro J. Ramírez (los debates internos en El Mundo suelen ser debates de Pedro J. Ramírez consigo mismo o con sus dueños italianos de Rizzoli) sobre la promesa de Zapatero de reformar la Constitución para introducir los derechos dinásticos de las mujeres, con o sin efecto retroactivo. En plata: si el futuro Rey de España debe ser Felipe de Borbón o su hermana la Infanta Elena. Además, no es lo mismo que Zapatero aborde la cuestión ahora mismo (como la retirada de las tropas de Iraq) que al final de su legislatura, en 2008.

 

Por lo demás, insistimos, más que de autocensura, se trata de un pacto de alabanza: hay que oscurecer los defectos de Felipe de Borbón y su prometida y enaltecer sus virtudes. Y eso no tiene por qué resultar tarea fácil.