El diario El País, siempre comprometido con las divisiones del cristianismo, ha dedicado una página entera a las obispas de la Iglesia de Inglaterra. No es que se vaya a hablar de ordenación de mujeres -los anglicanos, especialmente en su versión norteamericana, ya han ordenado obispas. Ahora se trata de que aquellos fieles anglicanos que hayan optado por mantener un obispo varón se vean privados de esa inadmisible discriminación de la mujer. ¿No quieres obispas? Toma avispas.

Entiéndase: toda posibilidad de unión entre anglicanos y católicos se derrumbó ya antes de la ordenación de mujeres y de su posterior ascenso al episcopado. Comenzó con la decadencia de la ortodoxia anglicana y su división entre los clérigos anglicanos que creían en Dios y los que no creían, también conocidos como modernistas. No se pierdan la carta que nos envía un lector con un extracto genial de la sátira británica 'Sí Ministro'.

Lo de la ordenación de las mujeres es, como dirían los catalanes, a más a más. Al final, la historia del anglicanismo durante los siglos XIX y XX es la historia de los conversos ingleses a Roma: John Henry Newman, Robert Benson, Ronald Konx, Evelyn Waugh, Gilbert Chesterton, Cecil Chesterton, Maurice Baring, E. F. Schumacher, J. R. R. Tolkien, Christopher Sawson, John Muggeridge, Dorothy Sayers, Alec Guinness, etc. Sin duda, la mayor fuerza intelectual católica de la era moderna.

Todos ellos llegaron a la conclusión de que el anglicanismo era una empresa o un partido político, regido hoy por una papisa, la Reina de Inglaterra.

Lo de las obispas vino luego, hace veinte años, y entonces fue cuando más de 5.000 clérigos anglicanos -solo en Reino Unido- pidieron el pase a los papistas, donde iban a tener que pasar por el calvario de la reconversión y, encima, la pérdida de sus estipendios.

Pero miren por dónde, para la feminista que El País convierte en estrella de la nueva insensatez anglicana, el problema es que más fieles, machistas irredentos, acaben por pasarse a Roma. Eso sí, los que se queden, más bien las que se queden, siempre tendrán un hueco en El País. Esto me deja más tranquilo.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com