Sr. Director:
El Senado, por el escaso margen de cuatro votos, ha aprobado una nueva ley de aborto. ¿Era necesaria?

 

En España, los niveles de aborto han subido un 115 por ciento en diez años. El Gobierno  no parecía contento con la astronómica cifra oficial de 115.112 abortos en 2008. ¿No es verdad que esta ley sólo la necesitaban los abortorios,  pues sus prácticas escandalizaron al salir a la luz pública y ser, además, denunciadas en países como Inglaterra, Francia y Dinamarca?

Ahora, contra el sentir de la sociedad (contra el aborto ha habido manifestaciones masivas en mayo y octubre de 2009), aprueba una ley de aborto ocultada o no prevista antes de las elecciones.

Una ley que favorece prácticas antinaturales, antihumanas y del más crudo salvajismo.  Por ley, desde ayer, las madres tendrán derecho desde el punto de vista jurídico, no desde la legitimidad moral, a matar  a su hijo en la cuna de su propio vientre, en  donde más protegidos deberían estar los niños. ¿Importa que ello pueda traer graves consecuencias para la madre, para la sociedad y la economía del país?

Yo soy madre y siempre he sabido que no era mi derecho matar a ninguno de mis hijos en momento alguno, sino mi deber cuidarlos, de modo especial cuando estaban en mi seno y de pequeñitos. Ese deber de las madres permanece inmutable después de la aprobación de semejante ley, y el peso de la conciencia también, pues ¿qué madre hay sin corazón ni conciencia?

Josefa Romo Garlito