Por pura casualidad, un político, Mariano Rajoy (en la imagen), no ha cumplido su palabra consistente en que los pensionistas no pierdan poder adquisitivo. Esto de que un político no cumpla sus promesas es algo totalmente novedoso en las democracias occidentales, por lo que entiendo el escándalo suscitado.

Ahora bien, el problema no es que Mariano no cumpla sino por qué no ha cumplido.

No ha cumplido porque no puede cumplir, porque España es una sociedad envejecida. Punto y final.

Mariano es culpable de prometer lo que no podía otorgar pero aún es más culpable de no planificar el sostenimiento de las jubilaciones públicas para el futuro.

Insistimos: el problema de las pensiones no es económico sino demográfico. No podremos pagar las pensiones futuras porque nos negamos a tener hijos. Y encima, porque los ancianos -¡Cuánta insolidaridad!- se niegan a morirse en tiempo y forma, según las previsiones actuariales. Y así no hay forma.

Señor Rajoy: si usted quiere salvar las pensiones públicas, y es algo digno de ser salvado, tiene que tomar dos medidas: urgente la una, importante la otra. La primera, la urgente, retrasar la edad de jubilación y acabar con las prejubilaciones. Y hacerlo ya.

La otra, la importante, es introducir la cuarta parte del estado del Bienestar, que no es la dependencia sino la maternidad. Si no hay hijos hoy no habrá pensiones mañana. Que el Estado, a pesar de las restricciones que impone el déficit, pague un salario a las parejas que, a pesar de los pesares, se atreven a ser padres, no sólo es la única forma de que no desaparezca el Estado español por quiebra, sino la única forma de que no desaparezca la sociedad española, por consunción.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com.