• Obama engaña y provoca tragedias.
  • En algo mejora Donald a su antecesor: su discurso fue soso pero no siniestro, como los de Obama o Hillary.
  • "Estados Unidos primero", dice Trump, pero no explica el cómo ni el porqué.
  • Trump no entró en el terreno de los principios: describió un patriotismo sin patriotismo, sin cosmovisión.
  • Pero el patriotismo, como la osadía, no puede ser la única virtud para lograr la justicia.
  • Voy a luchar por vosotros y nunca más os decepcionaré. Eso no se dice, Donald, se hace.
  • En cualquier caso, como se trata de Trump, la acusación de populista apareció en boca de los comentaristas antes de que empezara a hablar.
Donald Trump (en el centro de la imagen) ya es presidente de los Estados Unidos. A las seis de la tarde, hora española, juraba su cargo ante miles de ciudadanos. Estados Unidos es menos sectario y menos cristófobo que Europa. Por eso, hablaron varios líderes religiosos y por eso hablaron de Dios. Hubo también un chiflado que habló de identidad de género, pero al parecer se coló. En cualquier caso, en el acto de juramento se habló de Dios. El discurso de Donald Trump fue vacío. Empezó con que Washington iba bien y el país iba a mal (lo mismo dijo Obama hace ocho años). Y además, "eso cambia justo aquí. Este momento es vuestro momento". Un discurso vacío para un mundo desesperado. ¿Lo mejor? Que Trump habla claro. Puede que no diga nada pero habla claro. Puede cabrear pero no engañar, como hacen los progres de Obama. Y es un exagerado del vacío: "Los olvidados no volverán a ser olvidados". Vivimos un "momento histórico, un movimiento histórico, algo que no ha visto el mundo nunca antes". Cita Donald Trump a la Biblia, pero sólo para recordar que Jehová quería un pueblo unido. Sí, Jehová quería un pueblo unido pero cumpliendo sus mandamientos, que lo eran de amor y justicia. Trump se queda en algo muy distinto, donde el complemento se convierte en sujeto: "Estaremos protegidos por Dios". En definitiva, comienza la era Donald Trump: un líder vacío para un mundo desesperado. No sé si es buena solución. Ahora bien, Donald no engaña -por eso le han hecho presidente-. Su discurso puede ser hueco pero no falaz. Obama, su contrapunto, el presidente popularísimo, engaña y provoca tragedias. Lanza contravalores, le encanta la cultura de la muerte, la cobardía en política exterior, la cosificación del hombre. En algo mejora Donald a su antecesor: su discurso fue soso pero no siniestro, como los del propio Obama o los de Hillary. Pero vacuo: "Estados Unidos primero", dice Trump, pero no explica el cómo ni el porqué. De hecho, Trump no entró en el terreno de los principios: describió un patriotismo sin patriotismo, sin cosmovisión, sin pauta. Dan ganas de preguntarle aquello de, ¿patriotismo para qué? Además, el patriotismo, como la osadía, no puede ser la única virtud para lograr la justicia. Y un mucho de jactancia: "Voy a luchar por vosotros y nunca más os decepcionaré". Eso no se dice, Donald, se hace. Demasiado vacío, o demasiado poco, para un mundo tan frenético como postrado, deseoso de creer en algo que valga la pena. En cualquier caso, como se trata de Trump, la acusación de populista apareció en boca de los comentaristas antes de que empezara a hablar. Se hace necesario definir qué es el populismo. Y ya de paso, cuál es la filosofía populista: porque a Trump le llaman populista y fascista, mientras a Podemos le tildamos de populista y comunista. Para entendernos, el discurso de comienzo de legislatura de Donald Trump me ha decepcionado, pero en cuanto he escuchado las chorreadas de los comentaristas tertulianos españoles, tan pulcramente correctos, me quedo con Donald. Me dice más, mucho más. Y Trump me dice mucho más que Antonio Garrigues Walker, todo un masoncete del Gobierno mundial, previo paso  por la injusta globalización que vivimos. Aquí tienen al amigo de América pidiendo que el mundo se rebele contra el democráticamente elegido Donald y poniendo como ejemplo a seguir al chino Xi Jinping, a día de hoy, el mayor tirano del planeta. ¿Nos hemos vuelto todos locos con la obsesión anti-Trump? No, no nos hemos vuelto locos: lo que ocurre es que el Nuevo Orden Mundial (NOM) no le perdona que se haya cargado a su candidata, Hillary Clinton. Y está dispuesto a derrocarle: por las buenas o por las malas. Eulogio López eulogio@hispanidad.com