El thriller La chica del tren llega al cine tras convertirse en un auténtico fenómeno literario debido a que ha vendido 15 millones de ejemplares en todo el mundo, se ha publicado en 50 países y se ha traducido en 40 idiomas. El acierto de su autora, Paula Hawkins, periodista durante 15 años, es que no solo narra una historia de suspense sino que, a través de su protagonista, Rachel, transmite la soledad que siente una mujer abandonada y el peligro que supone caer en cualquier adicción, en este caso el alcoholismo. Cada mañana Rachel toma el tren camino del trabajo. Muy afectada tras su reciente divorcio, mira por la ventana y fantasea sobre las personas que habitan en las casas por las que pasa el ferrocarril, una de ellas es en la que vivía antaño con su esposo y que ahora éste comparte con su nueva mujer y su hija. Pero la atención de Rachel suele detenerse en un chalet cercano a su antiguo hogar en el que habita una pareja aparentemente enamorada y feliz; ella es bella y misteriosa. Todo cambia cuando un día observa cómo esta joven besa apasionadamente a un desconocido y se complica, más aún, cuando desaparece… El cineasta Tate Taylor, que condujo con humor e inteligencia otra historia femenina titulada Criadas y señoras, ha dirigido esta adaptación del best seller literario. El mayor reto al que se han enfrentado él y su guionista,  Erin Cressida Wilson (Retrato de una obsesión), es que resultara entendible a pesar de que está narrado a través del punto de vista de las tres mujeres, con continuos flash back. No han arriesgado demasiado y han hecho una traslación muy fiel, que se traduce en que este thriller resultará fácilmente comprensible para  todos los lectores del libro pero posiblemente más confuso para los que lo desconozcan. Realmente el mejor título de esta película podría ser el de Mujeres infelices, porque la protagonista es una mujer desgraciada pero tampoco se quedan a la zaga: Anna, la nueva esposa de su exmarido, y Megan, la mujer desaparecida, porque arrastran un pasado o un presente desfavorable. Si el mago del suspense, Alfred Hitchcock, viviese sin duda le hubiera gustado trasladar a la gran pantalla la novela La chica del tren porque toca dos elementos que le encantaba abordar en sus películas: el voyerismo y los trenes. Incluso la película tiene alguna escena sexual que tampoco hubiera dejado de filmar Hitchcock. Para: Los que les gustó el libro de La chica del tren y les agraden las adaptaciones cinematográficas fieles Juana Samanes