Los monstruos viven entre nosotros El canadiense de origen armenio, Atom Egoyan, vuelve a un tema recurrente en su filmografía: la infancia truncada. Ocho años después del secuestro de una niña llamada Cassandra, la policía encuentra indicios de que todavía puede estar viva. En ese periodo los padres de la menor han vivido su propio infierno, ante la incertidumbre de lo que le sucedió a su pequeña. Lo interesante de este  thriller, plagado se saltos temporales (que hacen, en algunos momentos, confuso el desarrollo), es que los dramáticos hechos narrados se analizan desde el punto de vista de los progenitores, destrozados por la tragedia vital que les ha tocado vivir. Igualmente es interesante cuando retrata que, muchas veces, los monstruos, capaces de todo por satisfacer sus aberrantes instintos sexuales, viven entre nosotros con apariencia de seres educados y normales. Cautivos consigue introducir al espectador en esa agobiante y desesperanzadora situación, nunca es explícita en detalles escabrosos que se adivinan y, posiblemente, puede resultar algo irreal en la descripción de la relación que la secuestrada mantiene con su captor pederasta, pero hay que recordar casos como el de la austriaca Natascha Kampusch  para comprender que, a veces,  lo increíble puede llegar a producirse en la vida real. Este retrato de la maldad humana cuenta con una actuación excelente de Ryan Reynolds, al que todavía podemos ver en la cartelera en La dama de oro. Para: Los que les gusten las películas que retratan casos de crónica negra Juana Samanes