• De entrada, es el momento de recuperar la decencia en el vestir.
  • Porque la vulgaridad cunde, en cuerpo y espíritu.
  • Y la normalidad no puede consistir en una mayoría de mujeres idiotas y libertinas.
  • Nuestras adolescentes actuales escandalizarían a las vampiresas clásicas de Hollywood.
Insisto, el olvidado decoro de la mujer en el vestir no era lo propio de la dictadura franquista ni desapareció con la llegada de la democracia. En plata:  la decencia no era algo obligado por el franquismo. Entre otras cosas, porque la España de Franco era coetánea al Hollywood de las grandes estrellas. Y en aquel tiempo, en la democracia norteamericana, las estrellas de Hollywood vestían con más decencia que las adolescentes de hoy, en la España democrática. Es más, nuestras adolescentes escandalizarían a aquellas vampiresas del cine americano. Ellas no eran tan exhibicionistas y, alguna diría, tan cochina. Y resultaban un punto menos vulgares. No es el régimen el que ha cambiado, es la mujer la que ha cambiado. Y no ha cambiado para bien, sino hacia el exhibicionismo, la indecencia... y la consiguiente cosificación de la propia mujer. Y eso hay que cambiarlo: la mujer no es un objeto. Necesitamos que vuelva la mujer. Para quien toma a la mujer como un objeto, lo peor es el regreso de la feminidad. En el siglo XXI, estamos en lo que relataba Clive Lewis sobre aquella joven cristiana que rezaba a Cristo de esta guisa: "Señor, hazme una muchacha normal del siglo XX". Y el Lewis más socarrón concluía: "Con un poco de suerte eso significará lo siguiente: hazme una idiota y una libertina". Eulogio López [email protected]