Mucha atención. El País ha descubierto cuál puede ser el final, tan ansiado, de Donald Trump, hoy victorioso del ‘impeachment’ y en su mejor momento de popularidad. desde que llegó a la Casa Blanca: los pompis de Shakira y de Jennifer López, estrellas invitadas en el descanso de la Super Bowl. Según El País, en portada oiga, estaríamos hablando de “orgullo latino”.

 

Y esto es bello e instructivo porque somos nosotros, los españoles, mismamente el diario más leído de España, el más progresista, quien abona la idea de muchos anglosajones, de que los hispanos son eso: animalitos de nalgas móviles que llevan su orgullo muy alto: a la altura del pompis.

De entrada, mire usted: ni Shakira ni Jennifer hablan latino, sino español. Lo de Latinoamérica, en lugar de Hispanoamérica o Iberoamérica, fue un invento de Napoleón III, que de alguna manera debía justificar su invasión de México.

Pero que seamos nosotros, los españoles, padres de la Hispanidad, quienes identifiquemos lo hispano con dos cantantes meneando las asentaderas, que confundamos nuestro orgullo con movimientos tafanarios, ora en dirección norte-sur, ora en sentido este-oeste, con el añadido de una poderosa rotación-traslación de las posaderas… pues hombre, no.

Esas no son glorias hispanas, como lo es, qué se yo, el mestizaje, la raza hispana (¿O es que existe la raza anglo-india?).

¿Exageraciones? Escuchen, otra vez El País, el artículo feminista y anti-Trump del orientativo día después (jueves 6 de febrero). Ojo al dato: “Las dos artistas redefinieron un espacio ultra masculino y ultra patriótico abriendo un nuevo espacio a la diversidad y a las mujeres latinas”.

Pues mira no. Lo de Shakira y Jlo no fue otra cosa que un espectáculo de posaderas móviles, muy poco latino pero, sobre todo, no es para enorgullecerse.