Guardar un minuto de silencio ante un fallecido o por una desgracia es un invento masónico para desterrar la oración de la esfera pública
Los cristianos no guardamos minutos de silencio por los fallecidos: rezamos por su alma. Y la oración no es silencio, es diálogo con el Padre Eterno.
Al menos que cuando un católico se ve forzado a guardar ese minuto silencio se santigüe, para que quede claro que lo que está haciendo es rezar y quede claro en qué cree. 

El Rey Felipe VI se santiguó ante el cadáver de Alfredo Pérez Rubalcaba. La Reina Letizia no: guardó un minuto de silencio.