• Se estrena en España el primer largometraje (Sólo Dios lo sabe) sobre las apariciones de la Virgen en Cantabria (1961-1965).
  • Lo asombroso de hoy es que la grey aventaja a buena parte de la jerarquía en fidelidad. ¡Qué cosas!
  • Todo cambió porque un Papa, Pablo VI, creía en la veracidad de las apariciones marianas.
El próximo 2 de febrero se estrena en salas de cine de Madrid, Barcelona, Valencia, Santander y Las Palmas, el primer largometraje sobre las apariciones marianas de San Sebastián de Garabandal, acaecida en esta aldea cántabra entre 1961 y 1965. Allá cuando "lo extraordinario se convirtió en ordinario". La película, que se puede ver en este listado de salas, es obra -verdaderamente profesional- de unos recién llegados al mundo del cine: la productora Mater Spei. Ojo al dato: sirve de poco afirmar que las apariciones de San Sebastián de Garabandal no han sido aprobadas por la Iglesia salvo porque, desde 1966, precisamente al rebufo de Garabandal, la Iglesia ya no aprueba ni 'suspende' relaciones sobrenaturales. Fue Pablo VI (que sí creía en las apariciones de Garabandal) quien, al observar la actitud feroz de los obispos de Santander contra las apariciones de la Virgen a cuatro niñas del pueblo, problema luego repetido en Medjugorje, decidió suprimir los permisos 'oficiales' de la Iglesia acerca de hechos extraordinarios. Sin mover el código de Derecho Canónico, Pablo VI decretó que cualquiera podía acudir a rezar a Garabandal y que cualquiera puede editar publicaciones sobre sucesos extraordinarios siempre que los mensajes trasmitidos no contradigan la enseñanza de la Iglesia. En definitiva, un giro copernicano del que muchos católicos, incluso católicos instruidos, no son conscientes. Es como si el Papa considerara que la Iglesia se había hecho mayor y que cada cual debe ahora apurar su discernimiento particular, que esto del discernimiento no deja de ser un don del Espíritu. Eso sí, el decreto de Pablo VI deja incólume, tanto la aprobación del dogma -que no otra cosa es el Magisterio-, así como su capacidad para denunciar errores y, lo que es mucho más importante, denunciar horrores. La pregunta es: ¿cree usted en las apariciones marianas de Garabandal? Sí, creo. Entre otras razones, por esta: visité Garabandal cuando se cumplía el cincuentenario de las apariciones (2011) y la mayoría de los que fueron testigos me respondían de una forma que podría resumirse así: "Yo sé lo que vi". Tuvieron la delicadeza de no añadir: "Y váyase usted al guano". Más preguntas posibles: ¿Cree usted que Garabandal constituyó la gran oportunidad perdida por España, tierra de María, para recuperar su pulso cristiano y, con ello, su identidad, que ya entonces comenzaba a quebrarse? Sí. ¿Cree usted que las vilipendiadas (sobre todo por el clero) apariciones de Garabandal marcas un antes un después en las apariciones marianas? Sí, porque en aquella misionera aldea de montaña la Virgen juega con las videntes. Es decir, se muestra como lo que es: Madre. ¿Refleja Garabandal la crisis cismática que hoy vive la Iglesia? Sí. Curioso cisma: entre la jerarquía claro, pero también entre la jerarquía y el pueblo fiel. Lo más curioso de la Iglesia de hoy es que la grey aventaja a la jerarquía en fidelidad… al estar la susodicha grey más alejada de la macedonia mental global en la que nos ha sumergido la pedantería reinante. De hecho, constituye la viva imagen de la Iglesia de hoy, que se resume en una frase de otra revelación posterior: "Aunque no lo entendiste ni lo creíste del todo, pusiste toda tu confianza en que fuera cierto". Esto refleja mejor que bien la vida del cristiano en el siglo XXI. ¿Qué era eso que debía ser cierto? Pues que Cristo vive pendiente de la palabra del hombre, que Dios contesta al hombre cuando se dirige a Él con Confianza y que Él, y no el azar, dirige nuestras vidas. De hecho, desde que el hombre reía en la tierra, la única frontera que se ha autoimpuesto el Todopoderoso es la libertad… del hombre. ¿Y la calidad del filme? Propia de profesionales. Merece la pena ir a verla. Y recuerden: las profecías no se han hecho para predecir, sino para convertir. Ergo, a las profecías hay que juzgarlas según sus frutos espirituales, no según su grado de cumplimiento. Porque Dios es Señor de la historia y modifica la historia según la oración del hombre. Eulogio López [email protected]