• ¿Cómo podría sobrevivir España sin Puchi, deseoso de ser fusilado en su ausencia?
  • Contra ese narcisismo cada golpe de Madrid al separatismo lo retroalimenta.
  • Porque el narcicismo, no lo olvidemos, tiene mucho de sadomasoquismo.
"Cuando volví de Dublín me hicieron un consejo de guerra en mi ausencia y me sentenciaron a muerte en mi ausencia. Así que les dije que podían dispararme en mi ausencia". Son palabras cachondas de Brendan Behan y seguro que resultarán de provecho para don Carles Puigdemont, que no es dramaturgo pero sí un actor de muchos quilates, que pretende que le nombren en su ausencia más que nada para que no puedan fusilarle en la Audiencia. Es un hombre corajudo. Pero sobre todo, Puigdemont es un personaje central de la vida pública española: ¿qué podríamos hacer sin él? Su problema es el narcisismo, que es el peor defecto de un pueblo con grandes virtudes como es el catalán. Hasta muchos catalanes con sentido común, que consideran absurda la tentativa secesionista, les molesta que un español se lo reproche -y si es un catalán le llamarán españolista- o sencillamente que se burla de las memes interneteras sobre Puchi, quien con todo su mentecatez no deja de ser "uno de los nuestros". Contra ese narcisismo se puede predicar pero no se pude luchar en campo abierto: cada golpe al adversario le retroalimentas, porque el narcicismo, no lo olvidemos, tiene mucho de sadomasoquismo. Simplemente hay que mantenerse sereno y dejar que el vedetismo se aniquile en su propia salsa, aunque cueste lustros. Ya he comentado la evolución de Juan Español acerca del separatismo catalán, evolución que debe ser corregida sin tardanza: 1.- ¿Qué quieren estos catalanes? 2.- ¿Quién se han creído que son estos tíos? 3.- ¡Que les den! Pero el narcisismo catalán se retroalimenta con el hastío español: para ese vedetismo es prueba de que les odian y de que deben separarse de España. Y todo esto se resume en aquella portada genial de El Periódico de Barcelona: "President, déjelo ya". Yo, particularmente, no sé lo que sería mi vida sin Puchi. Eulogio López [email protected]