En Hispanidad ya advertimos que la llegada de José Pablo López a la Dirección general de Telemadrid suponía la entrada de la ideología de género -uno de los peores enemigos de la sensatez- en la cadena.

Pero luego se trataba de mantenerse en el sillón de mando de la televisión madrileña, a pesar de una gestión penosa, donde se han disparado los gastos, que no la audiencia y donde el servicio público se ha concretado en cosas tan públicas como la información sobre los corazones privados de los famosos, siempre cambiantes.

Para mantenerse en el poder frente a un Gobierno presidido por la popular Isabel Díaz-Ayuso, quien ya le ha pedido que se marche, López se ha apoyado en el vicepresidente del Gobierno, el ciudadano Ignacio Aguado que, conforme al ADN de su ideario es una termita especializada en dañar al amigo y pactar con el enemigo.

No se confundan. Aunque el jefe de Telemadrid, José Pablo López, ataca a Díaz Ayuso y defiende a Aguado, sigue siendo un hombre de Roures

Y así, mientras Telemadrid arrea fuerte a la presidenta, no deja de entonar cánticos de alabanza al vicepresidente de la Comunidad de Madrid.

Ahora bien, no se confundan: aunque el jefe de Telemadrid, José Pablo López, ataca a Díaz Ayuso y defiende a Aguado, ante todo y sobre todo, sigue siendo un hombre de La Sexta.

Al tiempo, y para demostrar su poderío, Jaume Roures, ese hombre, ha ‘fichado a Joaquim Forn, preso tras la condena por sedición del Tribunal Supremo para que le ayude en asuntos jurídicos.

Para entendernos: ahora mismo, los progres controlan la televisión en España mucho más que la prensa. Y el poder de Roures crece

Roures se autocalifica como comunista y anticlerical, y también como partidario del derecho de autodeterminación pero no de la independencia, curiosísima combinación que exige un profundo análisis.

En cualquier caso, los casos de López y de Forn, y su nexo común, Jaume Roures, significa que para entendernos: ahora mismo, los progres controlan la televisión en España mucho más que la prensa.