Telefónica ha echado el resto en Reino Unido. En la esperadísima subasta de espectro que comenzó el pasado 20 de marzo, clave para el futuro de la filial, O2, la teleco ha invertido 523,6 millones de libras (unos 600 millones de euros) y ha obtenido un total de 80Mhz. Lo que diferencia a Telefónica del resto de competidores son los 40Mhz en la banda de 2.3GHz, que es de uso inmediato para 4G. El resto, los 40Mhz en la banda de 3.4GHz, los utilizará para el lanzamiento de los servicios 5G.

Todo esto es muy importante porque significa que Telefónica apuesta por el Reino Unido. En otras palabras, no va a vender O2. Otra cosa es que aproveche el resultado de la subasta para poner en valor la filial y colocar una participación en bolsa, como puede hacer, por ejemplo, en Argentina, pero lo hará sin perder el control de la compañía.

En cualquier caso, el mensaje es claro -el mercado británico interesa- y enlaza con la teoría de José María Álvarez-Pallete que se puede resumir así: si generamos ingresos no me preocupa la deuda.

El apalancamiento ha sido, precisamente, lo que ha perseguido al presidente de Telefónica desde que asumió el mando. De hecho, dentro del equipo directivo hay tres corrientes: los que creen que hay que vender activos, los que sostienen que hay que venderlos pero sin perder el control de los mismos, y una tercera vía que es la que defiende el propio Pallete: ¿Para qué vender el 49%? Es mejor no deshacer posiciones mientras se generen ingresos suficientes que permitan ir reduciendo la deuda, que en diciembre de 2017 se situó en los 44.230 millones de euros (deuda financiera neta), un 9% inferior a la registrada un año antes.

De momento, el plan de Pallete se está cumpliendo -los ingresos del último trimestre de 2017 aumentaron un 3,6% frente al 1% previsto- aunque tendrá que ceder en algunos mercados como, por ejemplo, el argentino o el británico.

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