• Reduce el beneficio en 220 millones hasta septiembre, un 16,9%, a pesar del aumento de las ventas.
  • Compensa la caída de ingresos en generación y distribución, debido a la sequía, con las plantas térmicas.
  • En esas condiciones, el margen da para poco (por eso cae un 12%), pero las cuentas no salen.
  • La voracidad del accionista mayoritario, Enel, se mide en el dividendo (para sí) aunque aumente la deuda (16,5%).
  • Endesa se ha quedado sin activos rentables, lejos de las nuevas tecnologías y limitada al mercado nacional.

Vuelve el run-rún  sobre Endesa, la eléctrica que preside Borja Prado, en un momento en que todas las energéticas están en el tablero de posibles compras, ventas o fusiones. Movimientos corporativos, en fin, para reconcentrar un sector y responder a los cambios regulatorios que se avecinan y que supondrán, claro está, una dificultad adicional a la rentabilidad necesaria entra las grandes. Los movimientos se intuyen y están sobre la mesa de los grandes, aunque en el caso de Endesa, en la parte de los vendedores, debido en gran medida al efecto perverso al que le ha sometido de forma sistemática su accionista mayoritario, la transalpina Enel. Los italianos, como se denunciado de forma sistemática, han vaciado la sociedad de los activos más rentables para mantener su dividendo y recuperar de forma rápida la inversión inicial. Por eso Endesa es ahora, básicamente, una sociedad con activos de producción alejados de las nuevas tecnologías de producción y con una distribución y comercialización circunscrita al mercado nacional. Además, el valor en bolsa de la energética -alrededor de los 20.500 millones de euros- no parece justificar los activos que le quedan y a ese precio sólo Iberdrola y Gas Natural tendrían capacidad para lanzar una oferta por la compañía. Endesa, en contra de la costumbre de la compañía, presentó ayer martes los resultados hasta septiembre al cierre de mercado, parece que de forma deliberada, aunque ya se esperaban inferiores a los de ese mismo periodo de 2016, como en el caso de Iberdrola. La razón es la misma por la situación hidrológica de lo que llevamos de año. El beneficio atribuido es menor en 220 millones (-16,9%), hasta 1.085 millones, a pesar del aumento de las ventas en 717 millones, los aprovisionamientos y servicios (1.049 millones más). Sigue la misma línea descendente del ejercicio en el margen de contribución, que en septiembre alcanza ya una caída del 7,7%, equivalente a 332 millones. A pesar de la contención en los gastos de personal, el resultado bruto de explotación es de 2.548 millones, un 11,2% menos, que han maquillado ligeramente la mejoría en los gastos financieros y los resultados de sociedades participadas. Y es que no hay para más. Los 389 millones menos en generación y comercialización -castigados de forma severa por las condiciones hidrológicas- han obligado a Endesa a aumentar un 41% la producción térmica y en esas condiciones el margen no da para más (-12% respecto a 2016). Se puede vender más 77.907 gigawatios/hora un 3% más que hace un año, pero las cuentas no salen, sobre todo si no hay modo de obtener extraordinarios -debido a la climatología desfavorable- porque el espíritu depredador del accionista mayoritario ha expoliado la práctica totalidad de tus activos realizables. El negocio de la distribución, a pesar de la sangría continua de clientes particulares, ha proporcionado un ligero resultado positivo de 56 millones. A pesar del déficit hidrológico nacional, las setas en forma de deuda siguen creciendo: 815 millones en año, un 16,5% más. La voracidad del accionista mayoritario, esta vez, equivale a 1.411 millones en forma de dividendo, 325 millones más que en 2016. A Enel le da lo mismo que el flujo de generación de efectivo descienda, se recurre al mercado y con dos, se incrementa la deuda y ya está. A la vista de los resultados presentados, no parece muy probable que consideren el momento más oportuno para abrir el melón de la venta de Endesa, por muy harto que esté el Gobierno con esta situación. En los tiempos de locuras que corren cualquier cosa en posible, hasta los espectáculos que estamos viviendo en Bruselas. Vivir para ver. Rodrigo de Silos [email protected]