• No se entiende que el BCE no cumpliera con su papel de prestamista de último recurso: ofrecer liquidez.
  • Además, si el problema no era de solvencia ni de rentabilidad, ¿por qué negarle liquidez?
  • Y también: ¿cómo se puede pagar un euro por un banco del que luego se venden activos inmobilarios por 5.000 millones?
  • Otrosí: contradicción contable entre la situación legal del banco (solvencia) y el paso de 1.300 millones a 1 euro.
El consenso jurídico de todas las demandas presentadas hasta ahora por el polémico desenlace del Popular está muy claro: si el banco era solvente, como había demostrado el BCE, hubiera bastado con una señal de que aportaría liquidez para acabar con el problema. Porque ese es el problema, la falta de liquidez, al que se acogió la Junta Única de Resolución (JUR) para decidir que la entidad acabara en manos del Santander y  por un euro. "Haré lo que haga falta hacer", dijo Draghi para apoyar la recuperación de la economía con inyección de dinero. Pues bien, en el caso del Popular, hubiera bastado con eso para arreglar de cuajo el problema. Hay una contradicción legal, en cualquier caso, entre la situación de solvencia que prueba el BCE -no sólo por los test de estrés de julio; también por el visto bueno que da al plan de saneamiento, vigente hasta diciembre- y los problemas de liquidez que alega la JUR para la intervención. Los abogados de los demandantes no lo entienden o lo entienden demasiado bien para presentar sus alegaciones, ojo, que un juez suele tener en cuenta cuando son tan coincidentes. Más. ¿Cómo es posible que el Santander vendiera la cartera inmobiliaria del Popular, por 5.000 millones a BlackRock? Tampoco se entiende por la imposible ecuación entre 5.000 millones de euros y un euro. Parece una broma. Hay que tener en cuenta, además, que el Popular había provisionado el 43% de esos inmuebles, lo que supone una pasta, y que el propio Santander había barajado previamente el pago de 1.300 millones de euros. La tercera alarma encendida procede de la ampliación de capital de 7.000 millones que anuncia el Santander para quedarse con el Popular, precisamente por esa razón: la digestión del Popu. Cuando el banco de Ana Botín (en la imagen) presentó la operación a los analistas dijo que iba a sacar un rendimiento a la operación de 2.400 millones en tres años. Ojo, porque hablamos de una rentabilidad superior al 10% anual -¡menuda rentabilidad!- sobre las cenizas de un banco quebrado. Los abogados concluyen que el Santander no amplió capital para digerir el Popular, sino para sí mismo. De lo contrario no casa lo anterior, otra de las contradicciones, con un banco al que le faltaba liquidez pero era solvente. Eulogio López [email protected]