• Máxima tensión, en todo el país, ante la puesta en marcha del 155 en Cataluña.
  • Lo cierto es que la intervención de la autonomía catalana es muy complicada y puede fracasar.
  • Se enfrenta al sabotaje de la Generalitat y del independentismo.
  • Con una clase dirigente separatista en la que abundan los aspirantes al 'martirio entre aclamaciones'.
  • Y una generación que ha convertido la independencia en su religión.
La Declaración Unilateral de Independencia (DUI) se ha convertido, sin ganas de bromear, en un verdadero DIU, un abortivo para la paz en España y un acicate para el enfrentamiento civil. Nadie podía creer que Puchi (Carles Puigdemont) terminara en DUI, pero así ha sido. Montado sobre una paranoia propia de psiquiatras, la CUP -que habla de "sangre y torturas"-, ERC, donde Marta Rovira asegura que la siguen (los espías españoles, supongo) cuando lleva la niña al colegio, y Puigdemont el veleta, que no quiere entrar en prisión y busca la inmunidad, han declarado la República catalana. A partir de ahí, la pelota pasa al tejado del Gobierno que se dispone a intervenir la Comunidad Autónoma Catalana. Tendrá enfrente a una generación con el cerebro lavado para la que el independentismo se ha convertido en una religión y que está dispuesta a sabotear la intervención en el día a día, el peor de los arbitrajes imposibles y anhelan una nueva clase de mártires en Soto del Real, provincia de Madrid. Si el 1 de octubre provocó algaradas, exageradas hasta la chifladura en el exterior, imagínense ustedes lo que puede suponer intervenir el aparato de propaganda del separatismo o a los mossos, un cuerpo armado. ¿Puede acabar a tiros? Sí, y en cualquier caso la violencia se disparará, no sólo en Cataluña, sino en el resto del país. Violencia y cainismo porque los neocomunistas de Podemos intentan pescar en río revuelto a pesar de que no lo han conseguido y a punto estuvieron de lograrlo. Compromete a Pedro Sánchez en una moción de censura frentepopulista para echar a Rajoy del Gobierno. En cualquier caso, España se aproxima al abismo de una guerra civil, o un enfrentamiento civil, si lo prefieren. Una España disgregada que, además, debe hacer frente a la guerra civil del siglo XXI. La que has armado Puchi. Eulogio López [email protected]