• Medio millones de personas asisten a la misa de canonización de José Vaz, un ejemplo para "ir más allá de las divisiones religiosas en el servicio de la paz".
  • Francisco entre en el fondo de la libertad religiosa, "un derecho humano fundamental".
  • Explica que "toda persona debe ser libre, individualmente o en unión con otros, para buscar la verdad, y para expresar abiertamente sus convicciones religiosas, libre de intimidaciones y coacciones externas". 
Prosigue el viaje del Papa Francisco a Sri Lanka, país de 20 millones de habitantes que, como explicamos ayer acoge a un 70% de ciudadanos budistas, a un un 6,1% de católicos; a un 13% de hindúes y a un 10% de musulmanes. El Papa, pues, se dirige a una amalgama de fieles, que, eso sí, siguen con atención sus palabras y asisten por miles a los actos.

El último que ha tenido lugar -al escribirse estas líneas- es la misa de canonización del beato José Vaz (1651-1711) primer santo de este país, que fue proclamado beato el 21 de enero de 1995 por el Papa san Juan Pablo II, en este mismo lugar. Nada menos que 500.000 fieles asistieron a esta misa.

También hay que destacar el cariño de las autoridades del país hacia el Santo Padre. Por ejemplo, el alcalde de Colombo (capital de Sri Lanka) le entregó al Papa las llaves de la ciudad, como símbolo de amistad.

Respecto a las palabras de Francisco en la homilía de canonización de José Vaz, enfatizó que se trata de un "gran misionero del Evangelio". "Con sus palabras, pero más aún, con el ejemplo de su vida, ha llevado al pueblo de este país a la fe que nos hace partícipes de «la herencia de los santos» (Hch 20,32)".

Y, en un país -como hemos visto- de una gran amalgama religiosa y que ha sufrido décadas de guerra civil, que finalizó hace apenas cinco años, en 2009, el Pontífice destacó su ejemplo de unidad: "José Vaz nos muestra la importancia de ir más allá de las divisiones religiosas en el servicio de la paz. Su amor indiviso a Dios lo abrió al amor del prójimo; sirvió a los necesitados, quienquiera que fueran y dondequiera que estuvieran. Su ejemplo sigue siendo hoy una fuente de inspiración para la Iglesia en Sri Lanka, que sirve con agrado y generosidad a todos los miembros de la sociedad. No hace distinción de raza, credo, tribu, condición social o religión, en el servicio que ofrece a través de sus escuelas, hospitales, clínicas, y muchas otras obras de caridad. Lo único que pide a cambio es libertad para llevar a cabo su misión. La libertad religiosa es un derecho humano fundamental. Toda persona debe ser libre, individualmente o en unión con otros, para buscar la verdad, y para expresar abiertamente sus convicciones religiosas, libre de intimidaciones y coacciones externas. Como la vida de san José Vaz nos enseña, el verdadero culto a Dios no lleva a la discriminación, al odio y la violencia, sino al respeto de la sacralidad de la vida, al respeto de la dignidad y la libertad de los demás, y al compromiso amoroso por todos".

El Santo Padre concluyó: "Queridos hermanos y hermanas, pido al Señor que los cristianos de este país, siguiendo el ejemplo de san José Vaz, se mantengan firmes en la fe y contribuyan cada vez más a la paz, la justicia y la reconciliación en la sociedad de Sri Lanka. Esto es lo que el Señor quiere de vosotros. Esto es lo que san José Vaz os enseña. Esto es lo que la Iglesia necesita de vosotros. Os encomiendo a todos a la intercesión del nuevo santo, para que, en unión con la Iglesia extendida por todo el mundo, podáis cantar un canto nuevo al Señor y proclamar su gloria a todos los confines de la tierra. Porque grande es el Señor, y muy digno de alabanza (cf. Sal 96,1-4)".

La celebración eucarística, animada por música tradicional y de casi dos horas de duración, finalizó con unas palabras del cardenal Malcolm Ranjith, arzobispo de Colombo. De este modo, ha agradecido la presencia del Santo Padre y la canonización de José Vaz. Al final, ha entregado como regalo para la caridad del Papa 70.000 dólares, de parte de los fieles de Sri Lanka.

José Ángel Gutiérrez
joseangel@hispanidad.com