• Y Draghi reta a Berlín: deja los tipos donde estaban: en el 0 por 100.
  • Y reta a Berlín: seguiré con el océano de liquidez, seguirá comprando deuda pública y privada.
  • A un ritmo de 60.000 millones de euros mensuales, por lo menos hasta el año que viene.
  • El problema de fondo es que asistimos a un cambio de ciclo doctrinal: en definitiva, que con más dinero no mejora la economía.
  • Los hechos se empeñan en demostrar que el monetarismo ha sido un error. O, al menos, un éxito sin consecuencias.
"Dile que si deja de decir mentiras sobre mí yo no diré verdades sobre él". El viejo adagio resume las relaciones entre Mario Draghi, gobernador del Banco Central Europeo (BCE) y el Gobierno de Angela Merkel, en concreto, con su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble (en la imagen), quien, de buena gana, tiempo atrás, hubiera enviado al italiano al servicio de aduanas de Palermo… por ejemplo. Primero los hechos: en su reunión del jueves 20 de julio de 2017, el directorio del BCE ha decidido que le importa un bledo lo que hagan los demás: mantiene el tipo de referencia en el 0% y, sobre todo, seguirá comprando deuda pública y privada por un valor de hasta 60.000 millones de euros al mes, cuando menos hasta que acabe el año… o más. Los gobernadores de los bancos centrales no se la juegan cuando lo hacen bien o mal. Se la juegan cuando fallan en sus previsiones. Es decir, toda rectificación de un gobernador, aunque sea para bien, constituye un desastre para su carrera profesional. Y como resulta que Berlín ya le está buscando sustituto, a él o a su política, que lo mismo da que me da lo mismo, Draghi ha lanzado un órdago. Mejor, un sostenella y no enmendalla. Y es cierto que ni Berlín puede parar a un gobernador. Quizás por eso, lo de menos es que esté en juego el puesto de Draghi. Lo que está en juego es el monetarismo, que siempre hemos supuesto, a favor o en contra, la gran aportación económica del siglo XX, al menos de su segunda mitad. Una aportación que se ha demostrado un fracaso, otro dogma falso de la teoría económica. Cuanto más falso, más éxito tienen. El problema de fondo es que asistimos a un cambio de ciclo doctrinal: en definitiva, que con más dinero no mejora la economía. O, para no discutir: que el tejido económico se ha acostumbrado al océano de liquidez, le han salido aletas… y ya ni le incentiva ni le afecta. Eulogio López [email protected]