Sr. Director:

Ha aparecido recientemene en los medios de comunicación un nuevo problema social en España; se trata de la proliferación de grupos de hombres jóvenes e incluso menores de edad, que asaltan a las mujeres para violarlas o agredirlas sexualmente. Comenzaron a conocerse estos hechos con la famosa “manada” de cinco hombres jóvenes que agredieron y violaron a una sola para satisfacer sus deseos sexuales en las fiestas de San Fermin de Pamplona del año 2016. Luego han surgido otras en Manresa, Cambrils, Vitoria, etc.

Desde entonces se han producido más de 125 agresiones sexuales en grupo del tipo “manada” que está encendiendo las alarmas en una sociedad española tan sexualizada por algunos medios de comunicación e incluso fomentada desde los gobiernos de izquierda sin ningún pudor ni recato alguno: recordemos el slogan “póntelo, pónselo” de la campaña promovida por la ministra Matilde Fernández del Gobierno de Felipe González en el año 1991.

La Confederación Nacional de Padres de Familia y Alumnos (CONCAPA) interpuso un recurso contra la campaña y, finalmente, en el año 1993, la Audiencia Nacional la anuló por considerar que “fomentaba la promis-cuidad en la juventud y en la infancia”.

Una lista demasiado larga, porque desde que se conoció el caso de La Manada” hace tres años, en España se han producido más de 125 violaciones en grupo. Un dato escalofriante que acaba de revelar el portal; geoviolen-ciasexual.com

Según el avance de los datos de la Fiscalía correspondiente al año 2018, los delitos contra la libertad sexual aumentaron un 23,20 % un incremento que se suma al registrado en los últimos años.

Bien, hasta aquí los datos que conocemos, pero ningún medio de comunicación se pregunta sobre la causa o causas de esa proliferación de casos que se están produciendo y van a más cada día. En mi modesta opinión la causa principal es la pornografía consumida constantemente por internet por un número cada vez más elevado de adolescentes, jóvenes y menores de edad que, a la postre, conduce casi necesariamente a no quedarse en la visión, en la teoría, sino a ejercerla personalmente. El paso intermedio puede ser la masturbación, pero en definitiva el siguiente y necesario es el ejercicio sexual, solo o en grupo.

Pero, ¿Qué ocurre con la pornografía? Pues ocurre que la visión frecuente de videos como placer, de las actitudes ligadas al uso del sexo, excita la libido del ser humano tanto más intensamente cuanto más frecuentemente se recurra a ella y eso está pasando tanto en España como en toda Europa, conduciendo tanto los jóvenes como a los menos jóvenes a dar rienda suelta a sus apetencias libidinosas para superar la frustración que se produce cuando la persona se limita a la visión pornográfica y se siente incapaz de superar esa adicción.

Y, ¿qué otra cosa ocurre? Pues algo que es mucho más grave: el muchacho, el adolescente, el joven, el hombre maduro, se entrega a la influencia del demonio sin saberlo, quizás porque no tiene fe en Dios ni nadie le ha enseñado a recurrir a esa fe, a las enseñanzas de Jesucristo en el Evangelio, a la oración, a la recepción frecuente de los sacramentos transmisores de la ayuda de la gracia, que permiten la superación costosa y paulatina de esa adicción, que al final conduce al ejercicio del sexo de forma compulsiva e indiscriminada; una de ellas es la violación y la agresión sexual en grupo.

El ser humano llega a pensar ingenuamente que algún día se controlará y mientras ese día llega, se trata de disfrutar del sexo libre e irresponsablemente y cae irremisiblemente, hasta que alguien le ayude a conseguir salir de esa situación, si es que lo encuentra y él está dispuesto a superar esa adicción.

Mientras tanto, el diablo se enseñorea de la voluntad de esa persona, sea cualquiera su edad, y ésta está sirviendo los intereses del espíritu diabólico, sin saberlo, sin darse cuenta de ello.

La hegemonía de la cultura atea de la muerte, la eutanasia, el aborto, el sexo libre, etc. imperante en la actualidad en nuestra sociedad, que ha huido de Dios y no encuentra el sentido de la fe en Èl, favorece el desarrollo de la proliferación de “manadas” y de otras situaciones de dependencia, que afectan preferentemente a los hombres como más proclives generalmente a la satisfacción de la atracción sexual que las mujeres.