Sr. Director:

El separatismo catalán se ha convertido en un modo y un medio de vida para esa red clientelar regada con el dinero de todos. Los políticos secesionistas han arrumbado de sus actuaciones los problemas reales de la gente. El erial legislativo ha sido una constante de los sucesivos gobiernos catalanes desde la presidencia de Artur Mas y más acusado aún con Puigdemont y Torra. El balance parlamentario de la mayoría independentista no tiene comparación posible, por inexistente, con cualquier Cámara que se defina como democrática. Todo lo que no servía a su proyecto de ruptura con el Estado no tuvo cabida y su respuesta ante cualquier inquietud ciudadana fue agitar el victimismo y responsabilizar a España. Nada en Sanidad, Enseñanza, Dependencia, Seguridad, Asuntos Sociales... Eduard Pujol, de Junts per Catalunya, expresó esa forma despótica y despreciable que tiene el separatismo de jugar con el sufrimiento de las personas cuando se refirió a las listas de espera sanitarias en plena huelga de batas blancas como “migajas” y algo no “esencial” porque lo decisivo era la república. Un relato infecto. Ahora hasta los independentistas de a pie saben que a su casta no le importa si se mueren o sufren por una operación que nunca llegó.