Vester Lee Flanagan (en la imagen) trabajaba en una empresa de TV en Virginia (EEUU). Fue despedido o simplemente ese marchó porque se sentía marginado. En venganza, ha asesinado a dos ex compañeros, una reportera y un cámara. Al principio se pensó en que podía tratarse de una locura pero el mismo homicida se ha encargado de recordarnos que no, que les ha matado en venganza por el acoso que sufrió por su doble condición de negro y de homosexual. Entonces decidió pegarles un tiro y, dejar herida a la entrevistada que pasaba por ahí y, de paso, perpetrar el peor de tus tres homicidios: el suicidio. En circunstancias normales, si el 'lobby gay' no hubiera conseguido imponer lo políticamente correcto, nos habríamos fijado en el hecho de que un hombre, seguramente un buen hombre, se dejó lavar el cerebro por la exagerada campaña contra la homofobia. Aquellos excompañeros se habían burlado de su doble condición de negro y de gay, y la emprendió a tiros. No lo digo yo: lo dice él. Pero no se ha leído así en los medios. Aquí podríamos hablar del Viraje de Virginia, encabezado por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. El debate no está en si nos estamos pasando con la homofobia sino en la facilidad con la que los norteamericanos pueden acceder a las armas de fuego. Obama, cariacontencido, ha llegado a decir que no haber podido reducir las armas en circulación constituye la mayor frustración de su Presidencia. Algunos podríamos citarle frustraciones, más bien fracasos, mayores de su Presidencia pero dejemos eso. El viraje, la manipulación, consiste en ocultar a un gay que mata porque se considera acosado por su homosexualidad para hablar del acceso a las armas. Flanagan no mató a sus dos excompañeros porque él pudiera acceder a una pistola sino porque ellos eran racistas y homófobos. O porque él creía que lo eran, pues seguramente, si pudiéramos preguntar a las víctimas a lo mejor no estaban de acuerdo. Hispanidad redaccion@hispanidad.com