Kim Jong-un ha inaugurado lo que en Corea del Norte se entiende por una «utopía» urbana. Enclavada en la falda del sagrado monte Paektu, donde la hagiografía oficial sitúa el nacimiento de su difunto padre, el «Querido Líder» Kim Jong-il, la ciudad de Samjiyon fue demolida completamente y ha vuelto a ser reconstruida por deseo del joven dictador. Tras varios retrasos que encendieron sus críticas airadas durante sus últimas visitas a las obras, Kim Jong-un cortó el lunes la cinta roja en una espectacular ceremonia con fuegos artificiales en medio de la nieve y bailes sincronizados bajo cero.

Definida por la agencia estatal de noticias KCNA como «lugar sagrado de la revolución» y «utopía urbana del socialismo», en Samjiyon se han construido «380 bloques de viviendas y usos industriales en cientos de hectáreas». Con edificios de entre 12 y 18 plantas, en ella vivirán más de 4.000 familias y cuenta con un hospital, un hotel, un estadio, una estación de esquí, un centro comercial y varias fábricas, por supuesto todas estatales.

Y como todo es muy utópico y muy social para construir la ciudad, Kim Jong un ha movilizado al ejército y a brigadas de jóvenes que, sin cobrar, trabajaban turnos de 12 horas durante 10 días seguidos a cambio de tener más papeletas para entrar en la universidad o en el gobernante Partido de los Trabajadores. Para la propaganda norcoreana, una muestra más de la entrega de su pueblo a su líder; para las organizaciones de derechos humanos, una práctica semejante a la “esclavitud”.