Superada la primera acusación de racismo redivivo por plantear la pertinaz cuestión, la respuesta es ésta: no, no lo pagan. El nivel de fraude entre el colectivo, con el impuesto menos injusto de todos los posibles, es elevadísimo. Y otros colectivos de inmigrantes, tampoco lo hacen. Por ejemplo, muchos musulmanes y, ¡ay!, algunos hispanos. Me lo cuenta un empresario que trata con ellos desde hace muchos años, como proveedor (proveedor oficial en muchos casos, pues los chinos prefieren proveedores chinos). Las tres sesiones de la negociación con un chino ­que sólo acude un proveedor español en caso de estricta necesidad son las siguientes:
1.-Más barato, más barato. Desconto, desconto.
2.-Una vez terminada la negociación sobre el precio: 10% más de desconto por pronto pago.
3.-Pronto pago que se realiza en metálico: "no iva", "no iva". Con lo que te endosa el dinero negro.
Es cierto que la comunidad china consigue, como no deja de recordarnos la Embajada china en España, que en seis meses un 50% de los inmigrantes se hayan convertido en emprendedores. Pero también lo es que muchos de ellos se dedican a explotar a sus propios congéneres y que no pagan impuestos al país que les acoge. 
Eso por no hablar de las jerarquías chinas donde el subordinado es sencillamente un esclavo. China nunca fue cristianizada sino en una mínima parte. Por eso, vive para el dinero y la persona importa poco.Anécdota: me comenta un profesor de historia de un instituto madrileño que sólo ha podido conceder la máxima calificación en Historia de España a un par de alumnas chinas. Estaba muy contento con ello: al menos éstas se esfuerzan mientras que sus compañeros españoles pasan. La desilusión llegó cuando les preguntó qué pensaban hacer al acabar el bachillerato y le respondieron que hacer una carrera universitaria. Última pregunta: ¿Y para qué queréis ir a la universidad? La respuesta fue: "Para ganar dinero". Además de adorar al dios-dinero, resulta que eran unas ingenuas.
Y como lo hasta aquí narrado digo es verdad a partir de aquí ya pueden llamarme xenófobo. Seguirá siendo verdad.
Hispanidad
redaccion@hispanidad.com