Asesinar a 150 personas  (también a sí mismo, que es el asesinato más grave y se llama suicidio) por depresión es grave. Une la injuria a la ofensa y nos lleva a delimitar la frontera entre la maldad y la locura. La locura no lo justifica todo, entre otras cosas porque hay locos buenos y locos malos. Además, no es el loco el que se vuelve malo sino el malo el que se vuelve loco. En cualquier caso, la depresión no lo justifica todo.

Hablando de otra cosa: ¿se imaginan ustedes lo que hubiera ocurrido si el copiloto homicida fuera español en lugar de alemán? La interpretación sería inmediata: los chapuzas, ladrones y malandrines del sur de Europa, incapaces de trabajar firme por la seguridad de los demás. Pero como es alemán, ahí tenemos al presidente de Lufthansa, consolidación de que estas cosas pasan en una aerolínea tan segura y profesional como la suya. Oiga, que no sufre Lufthansa, sufren las víctimas.

En uno de los episodios del Padre Brown, Chesterton relata a una actriz italiana, encerrada en su camerino y destrozando todo lo que encuentra y asegurando que se va a suicidar. Alguien pregunta al Padre Brown si aconseja tirar la puerta abajo para evitar que se suicide. El cura detective dice que no, que se trata de un desahogo italiano: "Si fuera alemana les diría que entraran de inmediato, pero siendo italiana, tranquilos".

En efecto, el alemán es un pueblo ligeramente autodestructivo. A los chapuzas sureños nos divierte mucho más cabrearnos que deprimirnos y, de paso, matar a otros 149, quizás para no sentirnos solos.

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