El Gobierno, concretamente el Ministerio de Exteriores que dirige Josep Borrell, ha condenado "enérgicamente" el atentado terrorista perpetrado por Daesh en Trípoli (Libia) el pasado lunes, pero no lo ha hecho con el que tuvo lugar en Kabul (Afganistán) -del que aún se desconoce la autoría-. El hecho llama la atención, sobre todo, teniendo en cuenta que el balance de víctimas mortales es bien distinto: seis y 48, respectivamente. ¿Podría deberse a un despiste navideño? Ojalá sea así.

En Libia, un terrorista suicida explosionó su cinturón de explosivos en la sede del Ministerio de Exteriores del país. Mientras, en Afganistán, un insurgente suicida se inmoló con un coche bomba a la entrada del Viceministerio de Mártires y Discapacitados. Este último país está inmerso en una ola de violencia (el martes sufrió otro atentado suicida que dejó dos muertos en la ciudad de Kandahar), pero como saben, Donald Trump ya ha anunciado que comenzará la retirada de las tropas estadounidenses.