sábado, 23 septiembre 2017 Número de edición: 5264
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Un viaje variopinto por las ideas: ‘Pensadores españoles universales’

Un viaje variopinto por las ideas: ‘Pensadores españoles universales’

Entrar en el complejo mundo de las ideas tiene un riesgo, el enfoque, especialmente cuando se trata de un compendio. Aparece ahora otro novedoso intento de LID Editorial con un ambicioso título: Pensadores españoles universales.

El foco de los autores se detiene sólo en los dos últimos siglos. No pretende ser una historia de la filosofía, aunque hay filosofía, ni encontrar las conexiones de un pensamiento español, que las hay. El objetivo del estudio es otro: poner en valor unas ideas, españolas y también universales, y analizar su aportación a las realidades empresariales y económicas. Ese es su enfoque singular.

Fernández Aguado aprovecha la distinción aristotélica entre temperamento y hábito para proyectar un ángulo de análisis peculiar sobre las empresas

Es cierto que la metodología elegida condiciona también la selección de los pensadores, pero no lo digo yo, sino los propios autores, Nuria Ramos y Sergio Casquet: “Toda elección implica una renuncia”. A partir de esa confesión, es inevitable decirles quiénes son los protagonistas. Seis de ellos han pasado a la historia: son, por orden cronológico -que no es que el que sigue el libro-, Unamuno, Xavier Zubiri, Ortega y Gasset, María Zambrano, Laín Entralgo y Julián Marías. Y cuatro que todavía ‘trabajan’ (un pensador nunca deja de hacerlo): son, en orden a su juventud, Javier Fernández Aguado (nacido en 1961), Manuel Castells (1942), Adela Cortina (1947) y Gustavo Bueno (1924). Todos ellos se abordan con el mismo esquema: una biografía, un pensamiento y un tercer aspecto, que es lo no se había hecho hasta ahora: qué aporta esa tropa y de qué modo ayudan sus ideas -cada filósofo en un mundo, al margen de la corriente a la que pertenezca- al poliédrico mundo de la actividad empresarial, la realidad económica y el trabajo de sus directivos.

Pensadores españoles universales emprende así un viaje sugerente entre las ideas de diez ‘grandes’ españoles. Y sorprende, la verdad, porque cualquier viaje sobre lo español está indefectiblemente unido al tópico de la España insegura, que resume el dicho unamuniano ‘¡que inventen ellos!’, no sé si felizmente superado. Y digo ese no sé porque lo último con lo que me he encontrado en ese sentido es un estudio sobre análisis de percepción, elaborado por la Marca España, en el que se destaca precisamente que los españoles son, junto a venezolanos y argentinos, los que peor imagen tienen de sí mismos. Es una buena noticia, por tanto, cualquier compendio que se haga del pensamiento español, aunque se ciña al siglo XX y los 15 años que llevamos del XXI.

Me limito, aunque sea brevemente, a decir algo de los cuatro que viven y de los que no tenemos, por tanto, un balance definitivo de su pensamiento. El más interesante, precisamente por su juventud y por sus aportaciones a la realidad de las empresas y organizaciones, es Fernández Aguado, del que ya dijimos algo a raíz de su último libro, El maganement del Tercer Reich. Es el cuarto que se analiza en Pensadores, aunque paradójicamente, es el que más ingredientes reúne a un fin esencial del libro: la relación pensamientoempresa.

Fernández Aguado ha tenido la habilidad de aprovechar y proyectar el pensamiento de Aristóteles (una pasión que comenzó en su etapa universitaria y que culminó en la mejor versión que se ha escrito en castellano de la Ética a Nicómaco) a los modelos organizativos. Lo inédito en este pensador ha consistido en aplicar a la empresa el mismo dibujo antropológico con el que el filósofo griego pintó a la persona, y a partir de ahí, ir enriqueciendo ese paisaje con sus propias aportaciones y las de otros filósofos. Dicho de un modo muy resumido: Fernández Aguado aprovecha la distinción aristotélica entre temperamento (una base genética) y hábito (lo que se adquiere) para proyectar un ángulo de análisis peculiar sobre las empresas, los empleados y sus directivos. Desde esa visión plantea seis modelos organizativos. Dos de ellos de diagnóstico -la gestión de lo imperfecto, que es lo que hay siempre, por un lado, y las posibles enfermedades y terapias de las empresas, por otro- y cuatro modelos más de transformación de esas organizaciones: la gestión de voluntad, de los sentimientos, la dirección de los hábitos y el ejercicio del liderazgo. En fin, todos esos pasos están contenidos en sus 30 libros, que fueron objeto del primer symposium de un pensador español en vida. Se celebró en 2010 en Madrid y acudieron más de 600 profesionales. En la actualidad, Fernández Aguado preside el Grupo Mind-Value, especializado en servicios profesionales para la alta dirección.

Los otros tres pensadores vivos son Manuel Castells, un experto en las nuevas tecnologías de la información y el nuevo mundo asociado a Internet. El ‘pánico social’ provocado por el uso masivo de la Red ha llevado a Castells a una investigación muy interesante sobre las relaciones entre comunicación y poder.

Los otros dos pensadores pertenecen a polos filosóficos contrapuestos. Está, por un lado, el veterano y controvertido Gustavo Bueno, con el sello propio de su materialismo filosófico, y por otro, Adela Cortina, catedrática de Ética. Digo controvertido del primero porque ha jugado a contracorriente en lo políticamente correcto: es de izquierdas, pero rechaza el aborto porque es un crimen; es ateo, pero valora el entorno cultural católico; alarga, como materialista, su crítica a la religión, pero defiende la racionalidad del cristianismo sobre el islam, el judaísmo o el budismo. Adela Cortina, por su parte, se dedicó a la Ética tras descartar la química o la literatura. Su pensamiento es particularmente interesante por el momento actual, inevitablemente asociado a una crisis económica y de valores. Las dos realidades se funden, explica la filósofa, cuando los valores fallan; por eso pasan cosas que no son buenas. Cortina, que siempre se ha declarado kantiana, tiene claro que el objetivo de una empresa es conseguir beneficios, pero no a cualquier precio, como en una organización de corte mafioso, en la que también hay una ética, pero fallida, equivocada (lo cuenta muy bien El Padrino).

En fin, el debate de esto último queda para otro momento.

Rafael Esparza

rafael@hispandiad.com