Pocas marcas han sabido digitalizarse tan eficazmente como Netflix. Nacida en 1997 como videoclub por correo postal, la compañía estadounidense sigue haciendo lo mismo que hacía en sus inicios. Continúa suministrando contenido al usuario, pero en lugar de hacer llegar ese contenido al espectador por correo postal lo hace a través de múltiples dispositivos electrónicos simultáneamente. Gracias al servicio de vídeo en streaming y a series como House of Cards y Orange is the New Black, Netflix se ha convertido en un auténtico gigante que ha cambiado nuestros hábitos televisivos. The Drum narra las claves del éxito de Netflix: no raciona sus series a capítulo por semana, sino que estrena temporadas completas. Esta estrategia es sumamente rentable para la empresa estadounidense, para la que la cifra importante es el número de espectadores de las temporadas al completo de sus series. La famosa empresa de vídeo en streaming está actualmente presente en 81 mercados, donde para disfrutar de los contenidos Netflix  basta con una suscripción y una conexión a internet. La suscripción a Netflix no sólo resulta más económica sino que es accesible desde cualquier dispositivo y puede cancelarse en cualquier momento. Nada que ver con los complejos servicios de suscripción que ofrecen al espectador los tradicionales servicios de televisión por satélite. En 2013 Netflix admitió que se aprovechaba de webs de descargas ilegales como The Pirate Bay para determinar qué contenidos tenían más éxito entre los usuarios y adquirir sus derechos de emisión. Lejos de criminalizar a los "piratas", la empresa estadounidense trata de conseguir su confianza, haciendo hincapié en las bondades de su servicio. En la actualidad los contenidos de Netflix se sufren las barrearas geográficas. Es decir, que los contenidos que están accesibles en determinados mercados pueden no estarlo en otros. Sin embargo, en el futuro la compañía aspira a despojar a sus contenidos de las barreras geográficas. Clemente Ferrer [email protected]