sábado, 18 noviembre 2017 Número de edición: 5304
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Suben los tipos en EEUU. La claridad de Yellen gusta a las bolsas, pero supone una gota en un océano… de liquidez

Suben los tipos en EEUU. La claridad de Yellen gusta a las bolsas, pero supone una gota en un océano… de liquidez
  • La sobreabundancia de dinero está devaluando la economía mundial… y desde hace 50 años.
  • La política monetaria expansiva se ha convertido en el principal problema para salir de la crisis.
  • Ahora Janet Yellen trata de dar marcha atrás, pero con cuentagotas.
  • Y los bancos, sin capacidad de maniobra por el estrechamiento de sus márgenes, se dedican a especular: su negocio muere con tipos bajos.
  • Llevamos medio siglo con cada día más dinero y menos riqueza. Y a eso se añaden las dudas sobre la recuperación real de EEUU y estancamiento europeo.
  • A las bolsas, sin embargo, les gusta que la Reserva Federal diga que no habrá nuevas subidas en breve y que avisará.

Las bolsas han reaccionado con subidas a la decisión tomada ayer jueves por la Reserva Federal de EEUU de subir los tipos de interés en 25 puntos básicos (ahora está entre 0,25-0,50%). Interpretan el gesto de Janet Yellen (en la imagen) como una muestra de confianza en la economía de la primera potencia, pero no deja de ser una bala limitada, como una gota en el océano, en este caso de liquidez.

Es ese océano, precisamente, el que se ha creado con la política monetaria expansiva llevada a cabo en EEUU y Europa desde hace décadas y al que urge poner remedio.

Se hacía eco de este problema, recientemente, el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, al plantearse lo que ya es una realidad: un cambio de rumbo en la política de la Fed por primera vez en casi una década. Es, en efecto, la primera subida de tipos desde que estalló la crisis financiera en 2007.

Decía Linde que ese paso era necesario, no sólo en EEUU, sino también en Europa. Y para ello tenía en cuenta la responsabilidad -léase, culpa- que han tenido los propios bancos centrales al crear un “mar de liquidez” que no se ha traducido en recuperación económica, sobre todo en Europa. Y concluía, enfático, que “todo indica que tenemos que empezar a salir de una política monetaria tan laxa”.

Yellen empieza a hacerlo, pero a cuentagotas.

Las bolsas, como decía, se han quedado con la parte más amable del mensaje de Yellen: “No esperen nuevas subidas de los tipos por un tiempo y cuando estemos listos para ello, lo avisaremos con tiempo”.

En otras palabras, a los mercados les ha gustado esa claridad, que rompe con los confusos mensajes de los últimos meses, pero eso no quita -dicho sea todo- que si la Reserva Federal quiere acabar con el problema tendrá que ser más contundente para lograr la ecuación clásica entre inflación y tipos de interés: que los tipos estén por encima del IPC. El objetivo de la Fed es que la inflación suba, a medio plazo, al 2%.

El problema de fondo es tan sencillo como que con la política monetaria laxa, la actual, el dinero se convierte en un fin en sí mismo, cuando el dinero no es sino un instrumento de intercambio de bienes y servicios. Creación de riqueza es producir esos bienes y es lo que alimenta la creación de empleo. El dinero es sólo un medio, no un fin.

Pero es esa la diabólica dinámica en la que nos encontramos desde hace 50 años, cuando a lo que lleva la sobreabundancia de dinero es a la devaluación de la economía real, no sólo en EEUU sino en todo el mundo.

Todo se precipitó, en 1971, en concreto con los acuerdos de Bretton Woods, la ruptura del patrón-oro como referencia para emitir dinero. Se había hecho antes, sólo excepcionalmente, después de la I Guerra Mundial, cuando los Estados necesitaron emitir dinero -para financiar el esfuerzo en defensa-, aunque no estuvieran respaldados por el oro.

Ese exceso de dinero, en fin, es lo que provocó la crisis financiera de 2007, en primera instancia -convertida después en crisis económica-, y lo ha impedido salir de ella, posteriormente.

Para los bancos, el monetarismo expansivo ha resultado letal. La política de tipos de interés próximos a cero les ha dejado sin margen de maniobra para su negocio, esencialmente prestar dinero.

Y ese ha sido el motivo que les ha llevado a mover ingentes cantidades de dinero de un lado a otro sin otro fin que especular. Ese dinero a lo único que aspira es a una mayor rentabilidad, en el activo -renta fija o variable- o en la región -países ricos o emergentes-  que sea. Ya no sirve a la inversión que crea riqueza. Para lo único que sirve es para alimentar la deuda pública de los gobiernos, la nueva burbuja-monstruo que podría estallar en cualquier momento.

Esa situación lleva a una inevitable parálisis económica, a uno y a otro lado del Atlántico. Es cierto, no obstante, que en EEUU y con retraso ha dado sus frutos en lo que parece una recuperación, aunque nadie, ni la propia Janet Yellen, lo asegura con certeza. En Europa, sin embargo, el estancamiento es evidente.

Rafael Esparza

rafael@hispanidad.com