miércoles, 17 enero 2018 Número de edición: 5347
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Sin Jesús no hay Navidad. Y punto en boca

Sr. Director:

Francisco, el Papa, a quien algunos acusan de llevar la Iglesia Católica  por  extraños  e inhabituales parajes morales, lo que no  es verdad; sí es, sin embargo, un gran defensor de los descartados, especialmente de los niños, como lo demostró en su  mensaje de felicitación navideña a la Urbe y  Orbi (a la Ciudad y al Mundo), en la que tuvo un recuerdo muy especial para los niños que sufren violencia, explotación, y cuya infancia está truncada por la guerra en todos los países del mundo, lo que le llevó denunciar la realidad de una guerra mundial  larvada en mucho frentes.

Recientemente, en la audiencia general que concedió a peregrinos de todo el mundo y en la que no faltaron  la entrañable presencia de los hombres y mujeres del circo, representados por jóvenes gimnastas femeninas, acróbatas de color y forzudos dobladores de duro hierro, así como  un atípico  domador de fieros osos humanos, quienes arrancaron de Francisco entusiastas aplausos y sonrisas agradecidas, denunció con  energía el proceso de desnaturalización que en  el Occidente nihilista y postcristiano  sufre la Navidad, que o es cristiano o no es sino  derroche consumista y orgiástico,  en el que se oculta a Jesús por  cobardía, por complejo y lo que más reaccionario por no herir los sentimientos de otros grupos religiosos no cristianos.

Denunció la clara fobia contra la Navidad  que recorre la vieja Europa, inventando sucedáneos  que son la negación total de la realidad profunda de lo esencial de la Navidad, que no es otra que Jesucristo,  Dios  hombre y  verdadero nacido de Santa  María Virgen.

Por eso sin Belén no hay Navidad. No se puede ocultar al Niño para  potenciar al viejito, alegre, gordito y bonachón. Buen momento para reconocer  cómo el futuro de   España corre un serio peligro porque sin niños no hay futuro para nadie ni para la llamada- puro eufemismo- tercera edad. La matanza de los nuevos inocentes está legalizada con el derecho a abortar y sus sucedáneos.

Fidel García