Zapatero promete a Ban Ki-Moon que apoyará el ataque a Libia. Eso sí, no sabemos en qué va a consistir dicho ataque: la ONU no lo aclara. La reunión de París se convierte en una feria de las vanidades. Los bombardeos del siglo XXI hay que hacerlos por Internet 

El melifluo, y más peligroso que una piraña en un bidet, secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-monn, eximio representante del Nuevo Orden Mundial (NOM), se plantó en Madrid y convirtió al pacifista Zapatero en belicista. Vamos por la segunda conversión del presidente español en poco tiempo. Primero pasó de socialista a capitalista, aunque esto no le costó mucho esfuerzo, y se echó en manos de los mercados financieros. Ahora, el pacifista se nos ha vuelto belicista y promete toda la ayuda posible para el ataque a Libia, ataque del que, por cierto, no sabemos en qué va a consistir: ¿zona de exclusión aérea, bombardeo de la aviación y el armamento pesado libio, invasión terrestre…?

Todo indica que se ha optado por una fórmula vaga y una trasmisión aún más etérea para poder justificar cualquier acción. Lo más fácil: bombardear desde el aire, desde luego. La reacción de Gadafi: pues además de ensañarse con los rebeldes mientras pueda, situar a sus fuerzas, las que pueda, junto a la población para poder acusar a Occidente de provocar víctimas civiles. Por supuesto, hay que saber si los rebeldes consiguen ganar la batalla terrestre.

Y como no podía ser de otra forma, tras la excusa ONU –atacamos en nombre del derecho internacional- se precipitó la hoguera de las vanidades. El presidente francés Nicolás Sarkozy, actuó como anfitrión del nuevo frente aliado –naturalmente, Barack Obama no acudió a París, para dejar claro que no es Sarkozy quien lidera el ataque, y envió a Hillary Clinton, conocida en la diplomacia internacional como 'la bruja'- a una Cumbre que trata, como siempre, de justificar moralmente el ataque como la liberación del pueblo libio. Mientras Sarkozy hablaba los cazas aliados ya sobrevolaban libia en la tarde del sábado… pero seguimos sin saber hasta dónde va a llegar el ataque.

Volvamos a España. La verdad es que en la esfera internacional sólo cuentan con las tropas españolas para tareas de apoyo y retaguardia. Y es que, después de los desastres de Afganistán e Irak, nuestro Ejército, junto al de Alemania, Italia, y algo Francia, han cogido fama de cobardes. No porque nuestros soldados sean pusilánimes, sino porque lo son nuestros políticos. Para mover un dedo, también para defenderse, deben consultar a Madrid, quien les ordena que se estén quietecitos, que no intervengan ni para ayudar a sus aliados. Norteamericanos, británicos y canadienses, que llevan el peso de la acción, en Kabul como en Bagdad, en la guerra legal y en la ilegal, disparan primero y preguntan después. Y todo ellos saben que no pueden esperar mucha ayuda de los europeos, con la excepción de los británicos. Es así de triste, pero es la verdad.

Por lo demás, el ataque a Libia se inserta dentro de esa macedonia que ha dado en llamarse derecho internacional y que intenta, con poco éxito, sustituir a los diez mandamientos. Eliminado Dios de la vida pública, hay que recurrir a un lento y farragoso proceso de toma de postura por consenso –asimismo con poco éxito, posiciones que, como ha ocurrido con la decisión el Consejo de Seguridad respecto a libia, nadie entiende. Dicho de otra forma, ¿a qué se refería Ban Ki-Moon cuando hablaba de decisión histórica de la ONU en el caso libio? ¿A que era la primera vez que Naciones Unidas decidía derrocar a un dictador en ejercicio? Si trata de eso, que lo aclare, porque entonces estamos ante una ONU actuando como Gobierno Mundial y quién sabe si como tiranía mundial? Para eso me quedo con los tiranos territoriales. Ellos masacran la libertad sólo en sus ámbitos de cobertura y las víctimas disponen de otros países en los que refugiarse.   

Derecho internacional es, en resumen, esa cosa donde participan todos y manda el Nuevo Orden Mundial, en lo político, y los marinos norteamericanos, en lo militar. Obama ya lo dejó claro el viernes: el liderazgo en el ataque a Libia lo llevará las tropas norteamericanas. Tal y como se comportan los políticos europeos, es lógico, pero me preocupan los planes de Obama, partidario de implantar en el mundo árabe el relativismo occidental, cuyo único mandamiento es: "nada es verdad n nada es mentira, todo depende de cómo se mire" o bien "nada está bien ni nada está mal, lo más seguro es quién sabe".

Y en el entretanto, la pregunta se mantiene: ¿Quién va a sustituir a Gadafi? Porque a las tiranías es más fácil derrocarlas que democratizarlas. Y si en Libia va a ocurrir lo que amenaza con producirse en Egipto, donde Mubarak puede ser sustituido por los Hermanos Musulmanes, la ONG terrorista de donde surgió Hamás, casi mejor no atacar a Gadafi.

Occidente no aprende. No hay que bombardear, aunque, a lo peor, llegados a estas alturas, en Libia es la opción menos mala. Pero, de ordinario, lo que hay que hacer es desestabilizar a las tiranías, financiar gobiernos en el exilio y grupos opositores democráticos. En resumen, los bombardeos del siglo XXI deben hacerse por Internet.

En cualquier caso, de la vieja izquierda ya le queda poco: ha abandonado la justicia social –si alguna vez la tuvo- y se ha echado en manos de los mercados financieros especulativos, ahora se ha convertido al belicismo, en su versión masónica global, también conocida como derecho internacional, y en breve tendrá que abandonar su ecologismo cavernario –porque nos lleva a la caverna- ante la crisis económica rampante. Eso sí, sigue siendo fiel a su progresismo, cuya definición es la de "abajo los curas y arriba las faldas". Su lealtad a este principio es manifiesta y, cada día que pasa, más entusiasta. ZP y no es de izquierdas, es un progre.

Eulogio López

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