Ya lo dicen las feministas: la mujer tiene que ser visible, especialmente ellas. Y observable, incluso.

La revista Yo Dona, del diario El Mundo, se ha vestido de lujo para ofrecer sus premios anuales a mujeres destacadas y muy visibles. Dona es un medio de mucha fuerza intelectual y liberadora, pero también de mucha fuerza visual. La liberación, ya se sabe, empieza por la vestimenta y el único peligro es que acabe en el mismo sitio.

Las televisiones estaban allí, todas ellas comprometidas con la causa feminista. De hecho, he podido comprobar la modalidad que emplean las cámaras para enfocar a las destacadas del suplemento femenino de Pedro José Ramírez: de abajo arriba. La cosa empieza por las piernas, suben hasta el pompis, donde el objetivo se detiene un instante, probablemente por exigencias técnicas inasequibles a un profano como yo. En este punto se establece una variante: si la susodicha destacada porta abertura lateral, se le enfoca de flanco; de otra forma, basta con las plasmaciones supina o prona -preferentemente ésta última, seguramente porque las nalgas forman parte de la lucha por la liberación femenina.

El objetivo sigue subiendo hasta perfilar las protuberancias delanteras, otro punto fundamental de la nueva mujer. Al llegar al rostro, ya saben, la parte pensante,  el primer plano deja de interesar y se trasforma en plano general de silueta, en su totalidad manifiesta, que en algunas destacadas recuerda la vieja carretera Oviedo-Mieres. Hablamos de mujeres libres de prejuicios, si ustedes me entienden.

Todo ello enmarcado en un escenario pasarela, donde sobra cualquier mobiliario intelectual, como atril, mesa, papel, pantalla, etc. Al parecer, el elemento visual, que no parlante ni escribiente, constituye la pieza fundamental en este galardón tan intelectual como el de Yo Dona

Las entrevistas con las destacadas suelen ser cortas y su temática un tanto monocorde: ¿tiene un nuevo compañero? ¿Un nuevo divorcio? Incluso he podido contemplar a una reportera de la televisión más seria de España, RTVE, quien, práctica ella, desechó las preguntas que seguramente le habían preparado sobre metafísica o crisis económica, y les pedía a las mini entrevistadas: "Vuélvete, enséñame el escote" y otras sutilezas.

Y esto es bello e instructivo aunque las referencias de Pedro José a la excelencia de las señoras no acabo de insertarlas en aquel marco tan científico.

Yo Dona, en defensa de la mujer y de todas sus partes, con excepción de la cabeza y, a lo mejor, del corazón. No sé si hablábamos de la mujer liberada o de la mujer objeto.

En cualquier caso, ¿por qué el feminismo es tan hortera?  

Eulogio López

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