En cuanto un político asegura que está generando una reflexión o abriendo un debate a mí se me engendra una angina de pecho y se me abren las carnes. Significa que ya han decidido lo que debe parir la reflexión o concluir el debate. Por lo general: un castigo penal civil, cárcel o multa. Nada bueno para usted ni para mí, se lo seguro.

Y el PP se nos ha vuelto puritano. Uno de sus altos cargos, que cuyo nombre no hace al caso -pues actúa como institución no como persona, otra 'grossen chorradem' del momento- nos comunica que quiere generar una reflexión sobre los padres cuyos hijos menores se cogen una curda en botellones o similares. En plata, que les meterán un multazo.

A mí esto de que el Gobierno se entrometa en la familia -práctica tradicional en España- me fastidia bastante. Los políticos viven pendientes de las urnas, es decir, que aplican siempre lo políticamente correcto. Los mismos políticos y periodistas que animan a los padres a proporcionarles condones a sus hijos, es decir, a fornicar sin riesgos, deben volverse extraordinariamente rígidos cuando se trata de beber un alcohol.

Cuanto mejor sería que los padres enseñaran a sus hijos -como siempre se ha hecho- el uso inteligente de las bebidas fermentadas, especialmente al vino, un uso como alimento y acompañado de otros alimentos, que es como siempre se ha bebido en España: el alcohol como complemento de las relaciones humanas y de la alimentación. Pero ahora no: ahora el alcohol está tan prohibido como en las sociedades musulmanas.

Es el nuevo puritanismo, esta vez a cargo del PP: fornica lo que quieras pero no te hagas responsable de tus actos. Eso sí, prohibido beber y, además, si tu hijo tiende al alcoholismo lo arreglamos con un multazo. Esto es, que no lo arreglamos pero te castigamos.

Por lo demás, el Estado lleva ya mucho tiempo restando autoridad a los padres. A los 13 años puede copular, a los 15 abortar pero, eso sí, nada de fumar un pitillo o beber. Eso es pecado mortal.

Lo dicho, puritanismo. Y el puritanismo tiene poco que ver con la pureza: ni con la del cuerpo ni con la del alma. Buena prueba de ella es que el puritanismo no sólo no se opone, sino que se complementa con su carácter abortero.

Por cierto, otro punto puritano que afecta al PP es su obsesión porque todos cumplamos nuestras obligaciones fiscales. De suyo es un loable intento, por supuesto, pero no cuando se exagera hasta utilizarlo como instrumento contra el rival. Este puritanismo fiscal lo reflejaba muy bien el obispo de Madrid, Antonio María Rouco: cuando el mayor pecado es no pagar al fisco es que algo está fallando.

Eulogio López

[email protected]