Según la juez que ha sentenciado, el militar norteamericano Bradley Manning (en la imagen) es culpable de haber filtrado información confidencial  pero no de traición a la patria. Pues yo pienso que es justo al revés.

Nuestro soldado, un lechuguino total, filtró a un majadero de marca mayor, Julian Assange, el héroe de Wikileaks, un montón de información oficial, así, en bloque (luego hablaremos de eso). Es decir, que en efecto traicionó la confianza de su país, al emitir, urbi et orbe, valiéndose de su cargo, datos y noticias con los que Assange pudo convertirse en un chantajista a Estados Unidos. Un chantajista que no exigía dinero sino la gloria de tener a los poderosos en un puño. Vamos que cobraba en vanidad.

Dicen los periodistas que la sentencia es peligrosa para la libertad de expresión. Yo también soy periodista y estoy de acuerdo. El secreto profesional es más un deber que un derecho, y si una fuente te dice algo, que es cierto, yo lo publicaría. Otra cosa distinta es lo de Manning, que no revelaba una información para denunciar una injusticia sino que simplemente revelaba un bloque entero de información, de mil temas distintos, todo lo que pudo pillar, para jugar el papel de espía hortera con el mega hortera de los espías.

Pero lo que sí hizo fue traicionar a su país.

Así que la juez se ha equivocado por dos veces: condena la libertad de expresión (aunque es cierto que Manning no pretendía favorecer la libertad de expresión) y no le condena por su clarísima traición a la patria, especialmente exigible a un militar. Su deber era proteger la seguridad de Estados Unidos y la ha puesto en peligro. Sí, es un traidor.

Pero, en cualquier caso, Manning ha sido absuelto de culpabilidad y condenado en su inocencia.

Eulogio López

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